Internacional

Los cambios en el sistema-mundo y lo que nos depara el futuro

Arroyo Naranjo, La Habana, Luis Cino, (PD) Escuchaba hace unos días al hispano-francés Ignacio Ramonet disertar en Telesur sobre lo que denominaba “los cambios en el sistema-mundo” que se avecinan, que ya se ven venir. Resultó un análisis muy sensato e interesante. Parece tener razón en muchos aspectos de sus predicciones el director de Le Monde Diplomatique. Más allá de sus servicios como apologista del castrismo y del chavismo- aún sin Fidel Castro y sin Hugo Chávez-, hay que reconocer que a veces Ramonet puede tener algunos aciertos.

Se refería Ramonet a la paulatina pérdida de la hegemonía norteamericana ante la pujanza imperialista de la Rusia de Putin, y también a la creciente pérdida de la hegemonía de Occidente frente al ascenso de las economías rusa y china y de países emergentes como India Brasil y Turquía.

China, pese a sus alardes militaristas en su Mar Meridional, con los vaivenes económicos de un capitalismo salvaje sujeto a una dictadura comunista de partido único, aun dista de constituir un rival serio para los Estados Unidos. No es ese el caso de Rusia, que se anexó Crimea, amenaza a Ucrania, intervino en Siria para salvar a la dictadura de Assad y se esfuerza por meter la zarpa también en Irak, con el pretexto de contribuir en la guerra contra el Daesh. Pero Donald Trump, el futuro presidente norteamericano, entusiasmado en el intercambio de piropos con Vladimir Putin, no parece percibir el peligro ruso. Le preocupa China, Corea del Norte, Irán, el terrorismo islamista, pero Rusia no. México y los mexicanos le preocupan más.

Es muy probable que Estados Unidos y el mundo entero tengan que pagar bien caro por la impericia y la imprevisión de este magnate autoritario, extravagante y caprichoso, que cual fuese una de las hermanas Kardashian, ha convertido la política en un reality show.

Hilary Clinton debió concluir lo que dejó trunco cuando era Secretaria de Estado, y recomponer el papel de los Estados Unidos en el Medio Oriente, para que los espacios que dejó no lo llenen a bombazos los rusos, el Daesh, o los turcos, o Irán y Arabia Saudita, que ya querellan en Yemen y Siria.

Pero, contra todos los pronósticos, a fuerza de prometer lo que no se sabe cómo rayos va a cumplir, Trump ganó la carrera a la presidencia.

La victoria de Trump, en esta época de sismos políticos, es el mayor que se haya producido desde la revolución neoliberal protagonizada por Margaret Thatcher y Ronald Reagan. Solo que Trump irá en sentido contrario, vendría a ser algo así como una contrarrevolución populista, aislacionista, anti-globalización y opuesta a la libertad de mercado.

El triunfo de Trump sienta un mal precedente. Los partidos populistas tan a la extrema derecha que lindan con el fascismo, crecen en Austria, Suecia, Grecia y otros países europeos. Es posible que la próxima cavernícola elegida sea Marine Le Pen, que ya anuncia, además de su política anti-inmigrantes, la salida de Francia de la Unión Europea. ¿Se imaginan, luego del Brexit, lo que eso significaría?

El panorama es incierto. Los partidos y las instituciones pierden credibilidad, la democracia se bate en retirada ante la dictadura de la banca, la libertad de prensa o bien se estrecha, se vende o cambia de significado, se abarata y se vuelve libertinaje irresponsable, para nada fiable, en las redes sociales, que en el futuro pesarán tanto o más que muchos gobiernos.

Así, florecen todos los populismos y los extremismos con añoranzas totalitarias, varias veces caídos y vueltos a levantar. Y nadie se preocupará demasiado, en este mundo que se ha vuelto tan pragmático y cínico. Lo que venga, sea como tragedia o como parodia, encajará bien y si no harán que encaje, a como dé lugar, en la posmodernidad.
Y ni soñar que los países del Primer Mundo vayan a mover un dedo por los países pobres de la periferia que son regidos por dictaduras, como Cuba.

La amenaza siempre latente del terrorismo dará a los gobiernos, aun a los más democráticos, la justificación para el acortamiento de las libertades ciudadanas. Por suerte, no todos los gobiernos disponen de tanta información como Google. Pero varios, los más poderosos, ya trabajan en ese sentido. ¡Ay, Orwell, el Gran Hermano se ve venir, si es que ya no está aquí!

No obstante, los movimientos sociales, la sociedad civil, tratarán de llenar, a contrapelo de los intereses creados, a favor de los ciudadanos, los vacíos que dejan los gobiernos.

Si baja la marea globalizadora, el capitalismo se irá transformando, ya no será el mismo. Por lo pronto, los trueques y compartimientos de la economía colaborativa son la respuesta a los excesos del consumismo, irracional por insostenible. Que no solamente el calentamiento global amenaza la vida en el planeta…

Y dicen que con la aparición de las nuevas fuentes de energía renovables, las guerras ya no serán por el petróleo, sino por el agua… Y puede que un día no muy lejano se extiendan también al espacio exterior.

Un mundo bastante complicado. Y amenazante. Si hasta hace que añoremos -¿quién lo hubiera dicho cuando se derrumbó el bloque soviético y Fukuyama auguraba “el final de la historia”?- aquellos tiempos de la Guerra Fría. Después de todo, las armas nucleares siguen ahí. Con las riendas en manos de tipos como Putin, Trump, Erdogan, el ayatollah Khamenei y Xi Jing Ping, ¿es acaso hoy el mundo más seguro?

Fotograma: Poder – Ignacio Ramonet. Youtube

luicino2012@gmail.com; Luis Cino

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