Sociedad

Los carros que nunca mueren

El Cerro, La Habana, Emaro, (PD) Un jefe de transporte de una empresa estatal, quien controla personalmente la recarga de las tarjetas de combustible, se autoasigna, previa aprobación de la administración, cuotas de combustible pertenecientes a vehículos parados por roturas, muchas veces ya irrecuperables o inservibles. Esta gasolina que no se consume se venderá a cualquier botero (taxista) y este efectivo recaudado de esta manera será empleado por la empresa para pagar a expertos privados quienes se encargan de reparar o producir las piezas para autos, camiones y ómnibus, para los cuales el Estado no tiene solución ni asigna presupuestos para mantenimientos o reparaciones.

Este mecanismo se emplea generalmente para mantener rodando los autos asignados por las empresas a los jefes y no causar mucho revuelo, pues estos funcionarios los consideran y usan como si fuesen de su propiedad y generalmente se los llevan a sus nuevos puestos cuando son trasladados. Algunos de estos funcionarios los rentan, si el pago es bueno, para cualquier actividad, reportándolos como rotos. También rentan camiones y ómnibus.

No se asombren por lo de las reparaciones. Solo en La Habana, si se reunieran bajo un solo techo con las correspondientes condiciones, a los fabricantes de partes, piezas y accesorios para vehículos, se podría montar sin dificultades una fábrica de autos, camiones, motos.

En Cuba los autos nunca mueren. Incluso cuando resultan completamente destruidos en un accidente, son totalmente reconstruidos a partir de alguna otra carrocería idéntica, nueva o de uso, a la cual se le adicionará el número identificativo de la destrozada, pero que está registrada en el permiso de circulación. Del motor se conservará solo el bloque donde está grabado el número o si hay dinero, se podrá adquirir legalmente uno nuevo o de uso.

El coche de Polo Montañés, después de haberse destrozado en noviembre de 2002, en el accidente en que murió el cantante, fue reconstruido y hoy, casi quince años después, aún lo utiliza su hijo.
eduardom57@nauta.cu; Eduardo Maro

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