La consulta, Sociedad

Los conceptos colectivos, la tiranía y la perversión de las leyes

Los Pinos, Arroyo Naranjo, Nelson Rodríguez Chartrand, (PD) El ser humano no podrá aspirar jamás a vivir en libertad, si no piensa como un ser libre. No puede haber sociedad libre si los individuos que la conforman no lo son y la única alternativa de pensamiento que puede garantizar éste hábitat en la convivencia humana, es el pensamiento individualista, cimiento sobre el que se sustenta la filosofía libertaria.

Una de las creencias que un individuo que aspire a ser libre debe desembarazarse definitivamente, es la de atribuirle a los conceptos colectivos, vida independiente, es decir, concebirlos como entidades con existencia propia, desdobladas de los individuos y por encima de estos. Esta creencia, propia del pensamiento colectivista, lo que hace es asesinar la individualidad humana. Esto conlleva inexorablemente a la conformación de sociedades esclavas y tiránicas, como lo son, las socialistas.

Un individuo libre sabe perfectamente que los conceptos como sociedad, estado, revolución, etc., son meros conceptos abstractos que sólo cobran sentido, con la presencia de la acción humana. ¿Podría existir sociedad sin la presencia de individuos que interactúen? Evidentemente no. Así sucede con los demás conceptos de éste tipo. Por lo tanto, en una sociedad libre, el individuo se constituye en su centro, su principio y su fin.

Esto significa entonces que el principio y fin de las leyes en una sociedad libre lo es, por tanto, el individuo. En una sociedad libre la ley tiene un solo objetivo, garantizar que a todo individuo le sea garantizado el derecho natural de propiedad individual, en especial el derecho sobre su persona y su propiedad. Es decir, que las personas se encuentren protegidas contra cualquier agresión a esos derechos. Cualquier otro intento de las leyes, conlleva la perversión de las mismas. Como bien lo define Bastiat en su libro, La ley, además de constituir un absurdo risible.

Para que se tenga una idea de esto y hasta dónde las leyes colectivistas pueden llegar, les invito a pasar la vista por el Código Penal cubano, o como me gusta llamarle, el verdugo implacable de nuestro pueblo. Específicamente, me referiré al Título II, cuyo propio nombre ya lo hace inconsistente, “Delitos contra la Seguridad del Estado”.

Para un libertario, para un hombre libre, los artículos que conforman éste título de la ley penal castrista, sólo persiguen salvaguardar los intereses de la élite gobernante. Eso es, “Delitos contra la Seguridad del Estado”. Como ya vimos, el Estado es solo un concepto abstracto que no tiene vida propia. Lo que se esconde tras él, no es otra cosa que una minoría gobernante solapada bajo el nombre de Estado.

Por lo tanto, para un libertario los delitos contra la Seguridad del Estado, son en realidad delitos contra la seguridad de esa minoría gobernante. Delitos que excluyen la protección y la seguridad de la mayoría de los individuos gobernados. Esto muestra el carácter discriminatorio y tiránico, como ya decía, de las sociedades colectivistas.
nelsonchartrand@gmail.com; Nelson Rodríguez Chartrand

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