Economía

Los inversionistas que faltan y los planes para no hundirse

Arroyo Naranjo, La Habana, Luis Cino, (PD) A pesar de la aprobación hace tres años de una más flexible Ley de la Inversión Extranjera y de la creación de la Zona Especial de Desarrollo del Mariel, los inversionistas foráneos no acaban de aparecer en la cantidad que esperaban los estrategas económicos del régimen cubano.

Las ganancias a largo plazo, con riesgos y en negocios de poca monta, no suelen ser del gusto de los inversionistas. Algo que parece no han aprendido los mandarines del socialismo verde olivo en sus tratos con los capitalistas.

Pese a sus mañas para seducir, las varias carteras de oportunidades y las garantías dadas, los mandarines no han logrado quitarse de encima la fama de mala paga y poco serios. Hay el precedente de los ingenuos empresarios que han caído en la trampa de ser partners suyos. Cientos de ellos han perdido el dinero invertido y muchos hasta han terminado en la cárcel, acusados de estar implicados en manejos con funcionarios corruptos.

Para su plan de desarrollo para el año 2030 el régimen cubano, mientras va tirando con las ganancias del turismo, la exportación de médicos y las remesas de los emigrados, busca atraer el capital, el know how y la tecnología de punta que necesita desesperadamente la descapitalizada y caótica economía cubana. Pero lo hace muy tarde y con demasiados impedimentos: las inversiones requieren en todos los casos de la aprobación gubernamental y la mano de obra nativa hay que contratarla a través de agencias estatales que se quedan con una gran tajada y pagan a los empleados lo que estiman conveniente.

De poco servirán al desarrollo del país y a los cubanos de a pie estas movidas. Sus principales beneficiarios serán los miembros de la nomenclatura (aparatchiks, altos militares y sus parientes), en vías se transformarse en una aburguesada casta gerencial que para no hundirse, buscará un aterrizaje suave en el capitalismo. Resultará un engendro: una especie de capitalismo corporativo de estado y partido único, conformado a partir de políticas mercantilistas dignas del Medioevo y de las ineficientes empresas estatales, regidas por la planificación centralizada.

Pocas de esas empresas reconvertidas serán viables en el muy competitivo mercado mundial, donde lograrán ubicar muy pocas de sus producciones. Por tanto, para acumular capital, tendrán que recurrir a congelamientos de salarios, despidos masivos, cierres de fábricas, recortes de gastos sociales, aumentos de precios y otras linduras del “capitalismo salvaje” que tanto critican en Granma, la Mesa Redonda, Cuba Debate y el NTV.

Eso es lo que nos espera a los cubanos en el timbirichero capitalismo de estado que se han propuesto los mandarines verde olivo y que llaman “socialismo próspero y sustentable”.

Foto: jannoon028 / Freepik

 

luicino2012@gmail.com; Luis Cino

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