Sociedad

Los manzanilleros tiemblan cuando anuncian un ciclón

Manzanillo, Granma, Dr. Santiago Emilio Márquez, (PD) Cada vez que hay un anuncio a través del Instituto de Meteorología de lluvias intensas por vaguadas, tormentas tropicales o huracanes que pueden azotar a nuestro país, hay muchas preocupaciones los municipios con poco desarrollo económico y social, como es el caso de Manzanillo, en la provincia Granma.

Los damnificados de Manzanillo, en su gran mayoría, no han podido reparar las afectaciones provocadas en sus viviendas por los ciclones.

Las casas de Manzanillo, sobre todo en el centro de la ciudad, son muy antiguas. Muchas paredes están agrietadas, y los techos en muy malas condiciones, a punto de derrumbarse. Sus moradores no pueden emprender las reparaciones porque son muy costosas y no tienen dinero para comprar materiales de la construcción, que tienen altos precios. Y son muchas las peripecias para acceder a cualquier tipo de crédito.

Aunque existen 2 almacenes en Manzanillo para la venta de materiales de construcción, su surtido no es muy amplio.

Una plancha de zinc cuesta 505 pesos (cup), y una bolsa de cemento, 165 pesos. Recursos más deficitarios, como las cabillas -cuando llegan- ya están vendidas o son adquiridas de forma ilícita para luego ser revendidos por “la izquierda”.

Existen brigadas de construcción particulares, pero solo pueden contratar sus servicios los que reciben dinero de sus familiares en el extranjero, los que tienen negocios particulares y los médicos que realizan las llamadas misiones en el exterior. De los dirigentes no hablo, porque ellos no necesitan trabajadores particulares: resuelven sus problemas con los medios del Estado.

En relación a los subsidios otorgados por el gobierno, conocemos casos de personas que viven en pobreza extrema a los que no les han sido concedidos porque tienen algún familiar que “se supone” los pueda ayudar.

Hay muchas quejas también sobre el modo en que las autoridades han distribuido las donaciones que han llegado a nuestro país.

Aunque el huracán Irma pasó por la costa norte, las ráfagas de viento y las lluvias ocasionaron en Manzanillo derrumbes de viviendas y caídas de árboles y postes eléctricos, con las consiguientes afectaciones del servicio.

Panaderías como El Porvenir estuvieron sin funcionar por varios días.

Hubo daños severos en la vía, como en la avenida Masó, conocida como El Malecón, cerca de la Escuela de Deportes Alfredo Uset, por donde todavía no pueden circular vehículos, sin avizorarse cuando será reparada.

En las comunidades El Sitio y Jibacoa hubo penetración del río, con grandes daños para las cosechas y gran número de evacuados.

La población estuvo a oscuras durante varios días. Ni siquiera había velas. Las velas en existencia en los almacenes antes del ciclón eran insuficientes y un gran número de personas no alcanzaron a comprarlas.

En aquellos días, el suministro de productos del agro así como de otros en la red de comercio y gastronomía, no fue el mejor.

Toda esta situación es indicativa de que por mucho que el Consejo de Defensa a cualquier nivel diga y repita que todo está en orden, que no existen problemas y que no hay riesgos para la población, la realidad es bien diferente.

Nadie quisiera ni imaginar que antes de que se acabe la temporada ciclónica, haya otro huracán que pase por nuestro país.
comuni.red.comunitaria@gmail.com; Santiago Emilio Márquez; móvil: +53523574953
*Red Cubana de Comunicadores Comunitarios
Estos son los daños ocasionados en la avenida Masó

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