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Los por qué de los críticos

Arroyo Naranjo, La Habana, Luis Cino, (PD) Últimamente, de tan críticos con el sistema, asombran ciertos blogs y algunos de los comentarios de los lectores en Cuba Debate, la versión en el ciberespacio del periódico Granma, el órgano oficial del Comité Central del Partido Único.

Si uno se asombra, supongo que los jefes de la ortodoxia retranquera e inmovilista, ante tanta discrepancia y personas que piensan con su cabeza en vez de corear el estribillo, deben estar más que preocupados, asustados.

La cortina de mentiras y verdades a medias que tapó la luz durante décadas ya no da para más, no aguanta otro parche. Los que creyeron alguna vez ciegamente en la revolución castrista al fin pusieron los pies en la tierra, empiezan a pensar con cabeza propia y a regatear su incondicionalidad. Y no precisamente porque puedan acceder a Internet en su centro de trabajo o en un punto wi-fi o darse el lujo de ver la CNN en Español o algún programa del paquete semanal, sino porque continuamente chocan con las arbitrariedades, las limitaciones y los abusos que les impone el régimen.

Las dudas son serias y muchas, pero la mayoría de los que hasta no hace mucho eran incondicionales y que ahora comienzan a cuestionar y a discrepar, no tiene buena opinión de los opositores. Sucede, en primer lugar, porque sólo saben de ellos lo que dice Granma y Mesa Redonda. O sea, que son “mercenarios pagados por el imperialismo norteamericano”.

He escuchado a algunas de esas personas decir que los opositores son extremistas de derecha. Se tragaron el cuento de la semana para matar comunistas que pidió hace más de 15 años un obcecado de la radio anticastrista de Miami y que la propaganda oficial ha explotado hasta la saciedad para convencer a sus partidarios de la necesidad de vida o muerte de cavar trincheras y echar rodilla en tierra para eternizarlos a ellos en el poder y que puedan tranquilamente seguir disfrutando sus privilegios.

Esos que consideran extremistas a los opositores, no han tenido modo ni ocasión de comprobar que muchos opositores ni siquiera son de derecha. Digo, si no es que con el advenimiento de Trump y lo turbulento que se ha vuelto el mundo, han cambiado demasiado las cosas desde los tiempos de la Convención y los jacobinos en aquella degollina que fue la Revolución Francesa, donde se creó eso de la izquierda y la derecha.

Los hay que embisten contra todo lo que se asemeje al rojo, pero algunos disidentes cubanos deben ser bastante menos conservadores y más avanzados en muchos temas, hasta de izquierda si se quiere, que los obtusos caciques de un régimen que lleva 58 años jugando a las casitas con un socialismo chapucero mientras mata de hambre y desesperanza a su pueblo.

El socialismo que propugnan los caciques y bonzos del castrismo cada vez tiene menos que ver con el marxismo y más con un capitalismo de estado mercantilista, avaro y mendicantemente pedigüeño.

Hay los que tienen el policía sembrado en el alma y dicen que la oposición está dividida, enfrentada entre sí y penetrada de punta a cabo por la Seguridad del Estado, y que por tanto, nunca irá adelante, y no vale la pena hacerle demasiado caso.

Hay también los que reprochan a la oposición en general, como si fuera tan monolítica como el régimen, por no haber sabido llegar a las masas y ganarla para su causa, con tantos motivos como tienen los cubanos para lanzarse a protestar.

¿Para qué desgastarnos en volver a hablar de lo arduo que resulta vencer la apatía, la desmoralización, la indefensión inducida en la población por más de cinco décadas de una dictadura que no cesa en la represión, el control absoluto de todo, la desinformación y el bombardeo propagandístico? En definitiva, todo eso explica por qué son tan críticas con la oposición estas personas. En el fondo, lo que hay es miedo. Buscan una justificación para no actuar. Y a algunos les sirve para aparentar que están en paz con sus conciencias.
luicino2012@gmail.com; Luis Cino

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