Sociedad

Los rockeros en Cuba I

El Cerro, La Habana, Emaro (PD) Tengo un hijo que es rockero. Eso debe venir en los genes, pues yo también lo fui, o lo soy aún.

Ser rockero es un modo de vida, una experiencia existencial mucho más compleja de lo que podrían suponer los no entendidos.

A la inmensa mayoría de las personas les gusta la música, como el chocolate. Pero hay a quienes no les agrada el chocolate. La música tiene muchísimas más variedades que el chocolate y existe de todos los colores y para todos los gustos. Cada individuo elije sin mucho trauma la que le gusta. Por ejemplo, hay quienes les gusta la Salsa, pues les encanta bailar, mover el cuerpo. A otros más tranquilos y educados les entretiene la música clásica, e incluso, aunque parezca más raro aún que los que no comen chocolate, hay quienes gustan del Reguetón, a pesar de su monocorde ritmo y de su pésima letra. También hay quienes gustan del Rock, pero ya esto no es tan solo música, es un estilo de vida.

Probablemente el Rock sea el género musical que más variantes tenga, desde el pop rock, el blues-rock, hasta el Trash, el Death Metal, etc.

Hay un tipo de estos muchachos rockeros que se hacen llamar Metaleros. Esto es como un deporte extremo, se les nota en el comportamiento social, pues son o desean ser tipos rudos, alejados de la blandenguería de los Emos, la guapería de los Salseros y las locuras de los Frikis. Son una raza aparte, como también lo creen ser otras tribus urbanas, como les dicen hoy algunos estudiosos.

El rock duro mientras más alto y potente se escuche, mejor. Cuando me siento algo deprimido o en extremo cansado, me pongo los audífonos, que te aíslan del mundo exterior, y pongo a Metálica con por ejemplo For whom the bells toll, o al viejo Ozzie Osbourne con No More Tears, algo así, y a la media hora estoy de pelea.

Ya con mis sesenta años debería estar sordo por eso del volumen que tanto dicen los médicos, pero no.
Mi hijo es metalero, algo como más duro o más avanzado que mis ya viejos gustos. Ha sido cantante gutural en dos o tres grupos. Ha tocado un par de veces en TV y ha participado en un montón de conciertos por todo el país. Tienen varios demos no publicados en su haber y un montón de fotos artísticas con el pelo por la cintura, sobre un escenario, alborotando a la juventud. Se ve genial. Ya se está poniendo viejo también, pues ha tenido que dejar el grupo y los ensayos y atender a una numerosa familia de pequeños y ancianos que dependen de él.
El rock en Cuba no da para comer, aunque seas famoso.

En los tres grupos donde estuvo mi hijo estuvieron luchando con fuerza para hacerse profesionales y poder cobrar en las actuaciones y autofinanciarse, pero no se lo permitieron jamás. Esto sucede con casi todos los grupos rockeros. Al final, después de un largo camino y esfuerzo, tienen que dejarlo, pues se mueren de hambre o sus familias los presionan para que trabajen en serio, es decir, en algo que les aporte dinero.

El Rock en Cuba es la música del enemigo, eso piensan los directivos de nuestra cultura y nuestros medios. según se puede apreciar) y ha disminuido muchísimo su aparición en la TV y en la radio. El único sitio adonde se podía asistir para ver actuar a los grupos de rock actuar, El Maxim, hace años que está cerrado, por reparaciones que nadie hace. No hay conciertos pues estos cuestan y no tienen dinero para financiarse. Los equipos son costosísimos y no se venden en Cuba. No obstante, existen grupos que llevan un montón de años tocando bien, como Zeus y Rice and Beans. En otros lares serían multimillonarios, superestrellas del rock.

A pesar de todo y el rechazo oficial, los rockeros persisten.
Mi hijo se va los sábados, bien tarde en la noche, para G y 25, a reunirse y conversar con amigos y colegas.

Últimamente (esto viene sucediendo con frecuencia), la policía empuja a los salseros, los reparteros y guaposos que se reúnen mucho más abajo, en G y Línea, hacia donde están los rockeros, y entonces desaparecen. Solo retornan sobe las tres a.m. con patrullas, camiones jaulas y porras, cuando surge la violencia entre estas dos tribus urbanas que no se llevan. Provocan que se comporten como pandillas. Eso sucedió el pasado sábado 13 de mayo. Allí estaba mi hijo, como otras muchas veces. Por eso se los cuento.

La policía hostiga a esos jóvenes, quienes tan solo desean un poco de tranquilo esparcimiento. No tienen otro lugar a donde ir. Los había, como el famosísimo Patio de María, pero hace años el gobierno ordenó cerrarlo.

¿Qué tiene de malo el Rock? ¿Qué se hace la juventud que gusta de esta música? ¿Hasta cuándo vamos a tener dirigentes que no conocen nada de nada y no les importa conocer? Solo patrocinan o autorizan lo que parezca estar a tono con la cultura nacional de rumba, guaguancó y violencia escenificada. Hay mucho más dentro de la cultura nacional. El rock hecho en Cuba es música cubana, sin dudas también de la buena.
eduardom57@nauta.cu; Eduardo Maro

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