Cultura

Mañach

El Cerro, La Habana, Emaro (PD) Hay un libro que desearía recomendar al lector que se interese por nuestra historia verdadera, no la oficial. Se llama “Más allá del mito. Jorge Mañach y la Revolución Cubana” y fue escrito por el profesor holguinero Rigoberto Segreo y su colega Margarita Segura (Editorial Oriente, 2012).

El lector no deberá asustarse con el pretencioso título pues el apoyo de Mañach a la Revolución Cubana no fue extenso: terminó cuando Mañach vio el cambio de Fidel Castro hacia el trillo comunista.

Mañach es uno de nuestros más grandes intelectuales de todos los tiempos. ¿Cómo es posible que la Revolución, mutada hoy hacia una dictadura ultraconservadora, conocedora de su condición terminal, pudiera transformar a Mañach, gracias al uso sin alternativas de todos los medios informativos en sus manos, en un paria, un gusano desconocido y malintencionado de quien casi no se habló en los últimos cincuenta años?

He leído cuanto libro ha salido de nuestras imprentas y buena parte de los extranjeros en inglés que me llegaron por vías intrincadas y nunca, nunca, me había tropezado con uno que hiciera honor a Mañach, que realizara una especie de biografía centrada en su quehacer literario y político.

Estudié Historia del Arte y otras materias afines según los textos orientados por la Universidad de La Habana y Mañach no estaba allí, no aparecía ninguna de sus numerosas obras, a pesar de haber pertenecido al famoso Grupo Minorista, estar en la Protesta de los Trece, haber escrito una extensa obra sobre Martí (Martí, el apóstol) a tan solo treinta años de su muerte en combate, así como haber ayudado al M-26-7, arriesgando su vida cuando mantuvo una valiente defensa de los presos en la Isla de Pinos en pos de su liberación, intercambió correspondencia con estos e incluso realizó una gran asistencia en la publicación de La Historia me Absolverá en 1954.

A pesar de su verticalidad política, honradez, y alto valor literario, decidieron silenciarlo, literalmente desaparecerlo y borrar todo cuanto pudiera hablarse de él.

Es increíble cuanto de nefasto e injusto se puede hacer cuando algunos personajes, imbuidos en el odio, la impunidad, la intolerancia total, pueden decidir eliminar de la Historia de Cuba a uno de sus ciudadanos principales en la primera mitad del siglo 20, impidiendo a generaciones conocer sobre sus obras, derecho que nos pertenece a todos.

De Jorge Mañach solo había escuchado comentarios muy poco certeros. Nada de textos de su autoría, y me desayuno ahora, más de cincuenta años después. Me siento traicionado por estas autoridades que han provocado estas lagunas.

En el libro, de vez en vez se acusa a Jorge Mañach de no realizar sus obras desde una perspectiva materialista dialéctica, de que no fue comunista, como si esto fuera condición indispensable para ser persona, pero si tomamos en cuenta la pasión y la erudición de los autores, la estupidez parece ser más bien destinada a la censura. No se le puede pedir peras al olmo. Es asombroso como este texto pasó y se publicó en Cuba. Muy probablemente las autoridades no lo leyeran.

Les cito un ejemplo. Página 179: “El 24 de julio de 2009, Marta Rojas publicó un artículo en el periódico Granma titulado Victoria del Moncada fue la Historia me Absolverá. Allí explica detalladamente cómo fue impresa y distribuida la edición clandestina de 1954. Cita la introducción escrita por Mañach, pero omite que es de su autoría. Mañach, que hizo la revisión del texto, cotejó sus citas y escribió la introducción, no aparece por ninguna parte. Tal olvido no podría juzgarse como desconocimiento, pues fue ella quien le facilitó ese texto a Ana Cairo para su publicación en 2006. Está mal que Mario Mencía lo haya ignorado en 1980, aunque se explica, hasta cierto punto, por el ambiente ideológico de Cuba en esos momentos, pero que lo haga Marta Rojas en 2009 nos parece una falta a la verdad histórica que merece ser corregida.”

Como ven, hasta la Historia este régimen intenta transformar por pura soberbia y arrogancia. Lleva a sus acólitos a la deshonestidad, a involucrase en las mentiras y tergiversaciones que van a ser de todas formas descubiertas. ¡Increíble!
Este libro Más allá del Mito es una excelente obra que debe ser leída a pesar de su proyección marxista, pues reivindica con fuerza la figura de este famoso intelectual de la república.

Es una obra de necesaria justicia para un intelectual quien muy probablemente haya estado mucho más cercano a la solución del problema nacional que Fidel Castro y sus seguidores, si nos atenemos a los resultados finales que tenemos ante nuestros ojos.

Cuba hoy es una nación muy empobrecida. Luego que intentó asumir un papel de gendarme internacional socialista, alocado y revoltoso, pasamos a ser mendigos internacionales.

Parece que Mañach no estaba muy descaminado cuando exponía amargamente en su ensayo “Indagación del choteo” que la nacionalidad cubana estaba formada por lo peor que se encontraba en los siglos XVI y XVII.

Al respecto, dicen en su libro Segreo y Segura: “Este pensamiento (el de Mañach) queda vertebrado y expuesto de manera concreta en sus estudios sobre el choteo y muy especialmente, sus criterios sobre la indolencia congénita del cubano.”

Estoy de acuerdo con Mañach, que caló hondo en la sicología de los cubanos.

¿Qué hemos hecho con nuestro país en 111 años de más o menos república?

Mañach dice que Cuba es una nación desustanciada y nosotros no hacemos más que probarlo. Observemos con ojo crítico a nuestro alrededor.

Nací con este sistema y me formé en él. Me tomó un enorme esfuerzo comenzar a vislumbrar los fallos, errores, mentiras, omisiones, etc. Lentamente fui leyendo entre líneas y observando más allá de hasta donde me autorizaban. Aun hoy descubro cada día a un músico famosísimo que fue accidentalmente cubano, o a un escritor como Reinaldo Arenas, que fue a parar a Nueva York y se suicidó. Un día pregunté quién era aquella Celia Cruz que sonaba tan cubana o por qué decían que Andy García era de Bejucal y Gloria Estefan de… ¿Dónde estaba yo? ¿Por qué los cubanos de allá no están en las listas de acá, como este Mañach que han removido de los registros y de los libros de texto nacionales?

De veras estamos cambiando. El mismo periódico Granma, por no verse obligado a aludir a nuestra fea realidad inmediata, llena sus pocas páginas con trabajos larguísimos de hasta tres hojas, generalmente sobre temas despistados o desapercibidos de nuestros problemas inmediatos. La Mesa Redonda, en horario estelar de la TV y conducidas por el poco atractivo en todos los sentidos Randy Alonso, diariamente consume un tiempo de transmisiones que bien podría aprovecharse para debatir con todas las tendencias ideológicas presentes dentro y fuera de nuestra nación. ¿Por qué no? Invitar a Yoani Sánchez, a Antonio Rodiles o Dagoberto Valdez, por tan solo citar algunos de los cientos de personajes inteligentísimos y valientes que luchan por un cambio dentro de Cuba, totalmente ignorados por los medios nacionales y reprimidos insistentemente por la Seguridad del Estado.

Me pregunto cuánto va a engordar la Historia de Cuba cuando ella pueda recoger sin sonrojo a todos sus integrantes y colocarlos en el lugar que se merecen.

Si nosotros fuéramos a darnos el gusto de eliminar, como lo ha hecho sistemáticamente este régimen que Mañach se resistió a aceptar, los estudiantes del futuro nunca habrán escuchado de Fidel y Raúl. Pero qué diríamos cuando comenzaran a investigar por ellos solitos. ¿Quedaríamos tan mal parados como ahora queda conmigo este socialismo tenebroso donde me formé?

Marx y Engels nunca hablaron de escamotear la Historia. Me consta.

Fidel Castro, durante toda su existencia, insistió en no darle ni un instante de protagonismo a la disidencia. Se negó a escucharlos. No nos permitió ni un instante de TV, ni una línea en el Granma que no fuera para denigrarnos. Me pregunto si al final de su vida no sentiría curiosidad por enfrentarse a los intelectuales invisibles de nuestro presente y pasado. Ver si de la plática sacaba provecho para mejorar su intolerancia, si los podía vencer o superar con su ego y su verborrea obnubilante, demudarlos, aplastarlos.

Es la última oportunidad antes de que todo sea pasado. Nuestro entorno ofrece todo una serie de lecturas urgentes donde ninguna es la continuidad de un sistema que ha llevado al país al lamentable estado donde se encuentra.

Vuelvo a Mañach, que pasó su existencia luchando intelectualmente por armar una nación democrática y justa.

Después de retornar de España, donde estaba asilado por luchar con el verbo contra Batista, pues lo querían matar, regresó a Cuba porque consideró que la Revolución de Fidel se parecía en algo a lo que él siempre había deseado para los cubanos. Retomó su cátedra en la Universidad de La Habana, reasumió sus intensas colaboraciones con el Diario de la Marina y Bohemia, reanudó la conducción del programa televisivo Ante la Prensa, y la Universidad del Aire, lugares de donde devengaba un salario, pues no era rico y nunca robó ni malversó.

Ese ser humano, intelectual de acero, orgulloso y alegre al final de sus días por ver coronada la obra de toda su vida con la consecución aparente de una nueva República responsable y democrática, fue una de las primeras víctimas de la intolerancia.

En septiembre de 1960 lo expulsaron de su Universidad. Fue jubilado forzosamente, sin pensión. En mayo había terminado el Diario de la Marina y Bohemia no aceptó más sus trabajos cuando pasó a manos del Gobierno Revolucionario.

¿Cómo se sentiría ese hombre al ser tan desleal e injustamente tratado por aquellos a quienes ayudó de corazón?

Se fue a Puerto Rico donde le contrataron para laborar en la Universidad de Río Piedras y murió ocho meses, después en total desconsuelo y abandono por parte de sus congéneres, excepto su esposa.

Una historia nada nueva pues llegaron a tirarle piedras a Máximo Gómez, quien también luchó toda su vida por Cuba, una lucha en la que perdió a su hijo.

¿Qué podríamos hacer nosotros para colocar a este escritor en el lugar que le corresponde dentro de la lista de nuestros héroes, pues cuando reviso su programa para una Cuba Democrática y Liberal, bien podría transcribirlo literalmente a lo que deseamos hoy?
eduardom57@nauta.cu

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