Cultura

Matías Montes Huidobro polígrafo de las letras cubanas

Miami, USA, Waldo González, (PD) Esta crónica de hoy la dedico a la mayor figura de la escena en Miami: Matías Montes Huidobro.

Al poco tiempo de mi arribo a Miami, seis años atrás, conocí mucho más de su amplia creación literaria, ya que, en La Habana, apenas tenía a mano algunos datos suyos a través de la reprimida y vigilada, troppo lenta y siempre paupérrima “Intranet”, ese engendro creado por el fascistoide castrismo en su particular Gulag, para evitar que el pueblo se comunique con el mundo exterior y disfrute del elemental derecho de libertad, que, solo ahora y con mucha lentitud, ¿permiten? los gendarmes que tienen aprehendidos a los hermanos venezolanos, como otra provincia aherrojada.

De tal suerte, me presentaron al relevante polígrafo cubano, por cuyas virtudes (cultura, bonhomía y sentido del humor), pensé que lo conocía desde mucho tiempo atrás.

Tal hecho que hoy cronico sería en el «Congreso por el Centenario de Virgilio Piñera, Teoría y práctica del teatro cubano del exilio: celebrando a Virgilio» (2012), en cuya sesión dedicada a las “Dramaturgas de la diáspora”, leí a petición suya mi ponencia: “El último bolero o la fragmentación familiar: Nostalgia y crítica en la dramaturgia de Cristina Rebull”, a la que yo conocía desde Cuba, y de la que incluí su pieza homónima El último bolero en mi segunda selección de piezas escénicas Cinco obras en un acto. Teatro cubano de fin de siglo que yo publicara en 2001 por la Editorial Letras Cubanas. (La primera sería: La soledad del actor de fondo Primera antología del monólogo teatral cubano, Ediciones Unión, La Habana, 1999).

Con su particular voluntad creadora, Montes Huidobro descollaría por su incansable quehacer, primero en La Habana, con el estreno de varias piezas suyas (la mayoría de las cuales obtendrían lauros) y con sus ensayos y críticas teatrales, hasta 1961, cuando vendría al exilio de Miami, con su inseparable esposa, la también ensayista y profesora universitaria Yara González.

De tal suerte, se dedicaría a varias facetas de la creación sobre todo en La Florida y en Miami, donde ha realizado la mayor parte de su amplia labor. En primer lugar, la investigación escénica, destacada vertiente de su quehacer por la que, sin asomo de duda, se convertiría en el mayor estudioso de la escena cubana de las dos orillas, cuyo legado integra un haz de serios estudios, iniciados por su ensayo fundacional Persona, vida y máscara y en el teatro cubano (Ediciones Universal, Coleccion Polymitia, 1971), al que luego le seguirán otros esfuerzos relevantes, tales: El teatro cubano en el vórtice del compromiso (2002, de 738 páginas), El teatro cubano durante la República (University of Colorado, 2003) y los cuatro volúmenes de Cuba detras del telón (publicados entre 2008 y 2010 por Ediciones Universal), donde examina con hondura e indeclinable aliento ocho décadas de la historia del teatro cubano en el siglo XX, a lo largo de 762 páginas.

Este trabajo de tal proyección intelectual me evoca el que realizara su colega generacional y ex profesor de Historia del Teatro Cubano y colegamigo de este cronista: Rine Leal (La Habana, 1930-Caracas, 1996), con los dos volúmenes de su historia del teatro en la Isla: La selva oscura, donde dejara la imborrable huella de la escena creada y representada en la Isla desde sus orígenes hasta fines del siglo XIX.

Mas Montes Huidobro lo supera con creces, pues integra en su indeclinable quehacer, una amplia gama genérica: dramaturgia, narrativa (cuento y, en particular, novela, género o “función” —para decirlo con Alfonso Reyes—, donde descollará con numerosos titulos, muchos de ellos galardonados en Europa), poesía, como asimismo se dedica a la enseñanza universitaria y la edición de libros en su Editorial Persona, en Honolulu, Hawaii, donde fungieran él y Yara como profesores universitarios entre 1965 y 1977.

En consecuencia, resulta vasta y decisiva la labor desplegada por Montes Huidobro en la difusión, la investigación y el análisis de la escena cubana de las dos orillas, por cuanto nos sirve de mucho a los críticos de teatro que poseemos y consultamos sus valiosos libros como asidua referencia de las tablas cubanas de aquí y de allá.

De igual modo, los varios volúmenes de su teatro, constituyen otro factor de alta valía, en tanto resultan piezas de sólida estructura, fecundos contenidos e indudable permanencia, porque sus temas, de algún modo, tienen que ver con la (i)rrealidad de la Cuba (ya no)secreta, peor que la que antes nos revelara María Zambrano (Málaga,1904-Madrid, 1991) en su memorable ensayo homónimo.

Tanto en sus obras en un acto, reunidas en el título homónimo (Ediciones Universal, 1991), que incluye:Sobre las mismas rocas, Los acosados, Gas en los poros (recién reestrenada en Miami), La botija, El tiro por la culata, La madre y la guillotina, La navaja de Olofe y Hablando en chino), como en el resto de sus obras —tal advirtiera la Dra. Esther Sánchez Grey-Alba en las “Palabras preliminaries” de su Teatro Cubano moderno. Dramaturgos (Ediciones Universal, 1991)— en Montes Huidobro se advierte una marcada tendencia a la experimentación formal que lo llevó frecuentemente al teatro del absurdo, tendencia que había sido introducida por Virgilio Piñera y que José Triana sigue dentro del llamado “teatro de la crueldad”.

Tal aseveración la confirmaría José A. Escarpenter cuando señalara “la exprimentación constante como una de las características de su creación dramática”, tal apuntara en su estudio “Funeral en Teruel y el concepto de la hispanidad” (incluido en Matías Montes Huidobro. Funeral en Teruel, Editorial Persona, Hawaii, 1991).

La propia Sánchez Grey-Alba, tras vincular su dramaturgia con el influjo del existencialismo sartreano —de tanto influjo en los años de formación y aprendizaje habaneros de Montes Huidobro—, afirmará en su propio ensayo incluido en Teatro Cubano Moderno. Dramaturgos: …cuando se estudia a Montes Huidobro, ya sea en su dramaturgia o en su narrativa, se encuentra una angustia humana dominada por la asfixia y la frustración, y saturada muchas veces de un sustrato histórico en que el que puede reconocerse la tragedia de la patria.

Por su calidad y permanencia, obras suyas han sido incluidas en dos recientes colecciones a cargo de dos autores de otras generaciones, quienes así constatan el reconocimiento de su quehacer: Tirando las cartas, en Teatro cubano de Miami (Editorial Silueta, selección de Luis de la Paz, 2010) y La sal de los muertosen Tres dramaturgos. Tres generaciones (Editorial Silueta, edición, Nota aclaratoria y entrevistas de Rodolfo Martinez Sotomayor, 2012).

Ambas publicaciones pondrían de nuevo en circulación estas y otras singulares piezas del maestro, a quien Jorge M. Febles y Armando González-Pérez editaran en 1997, el importante volumen: Matías Montes Huidobro. Acercamientos a su obra literaria. A este elogioso tributo, le seguiria, una década después, el aun mayor homenaje, preparado y editado por su infaltable esposa, la Dra. Yara González Montes, quien se ocupara del importante volumen de estudios sobre integralidad creadora, en tanto profundiza en el orbe del escritor, con diversos análisis sobre su labor en la narrativa, la poesía, el teatro y el ensayo: Matías Montes Huidobro: su obsesión por la escritura (Ediciones Universal, 2007).

En consecuencia, se incluyen en este volumen, ensayos sobre su narrativa, a cargo de William Siemens (Desterrados al fuego), Elsa Gilmore y Patricia M. Montilla (Esa fuente de dolor), Jorge Febles (quien explora a fondo su “trilogía del sufrimiento colectivo e individual”: Desterrados al fuego, Esa fuente de dolor y Concierto para sordos), Luis F. González-Cruz (Parto en el cosmos) y Armando González-Pérez (“La aportacion literaria de Matias Montes Huidobro al tema negro”, donde estudia La navaja de Olofé(1982).

Le sigue un detallado análisis de su poesía, en “(Auto)crítica estética y representación de la otredad”, a cargo de Jorge J. Rodríguez-Florido.

Tras esta sección, se incluye Teatro, en la que se aprecian las valoraciones de Jesús Barquet (“Superposición de textos en La Madre y la Guillotina), Rolando D. H. Morelli (“Escribir en vilo: Expresionismo y realidad sociall en varias de las Obras en un acto”), Georgina J. Whittingham (“El movimiento escénico en Lección de Historia), Jose A. Escarpenter (“El metateatro en Exilio”), David William Foster (“Exilio y la representacion de la identidad gay”), Phyllis Zatlin (“Oscuro total: entre la tragedia griega y el teatro del absurdo”), Yara Gonzalez Montes (“Entre lo dionisíaco y lo apolíneo en Las paraguayas”) y Luis González-Cruz (“Hacia el «eterno masculino»: nuevas visions de Martí en Un objeto del deseo).

Cierra el sólido bojeo, a través de las vertientes genéricas abordadas por el polígrafo, la sección dedicada al Ensayo, a cargo de la propia Yara González Montes (“La ensayística en la obra literaria de Matías Montes Huidobro”).

De acuerdo con lo antes leído, tenemos si no toda (lo que resulta imposible, dada el enorme caudal genérico y creativo del prestigioso creador), al menos he podido ofrecer, en esta crónica sintética a él dedicada, la información básica para conocer una porción de la obra del singular creador cubanoamericano, cuya juvenilia se sustenta en su infatigable laboreo.

Justo es también añadir que, a pesar de su longevidad y lo distante de su hogar, él con su inseparable Yara, no dejan de asistir a los estrenos teatrales de sus colegas.

En suma, el maestro Matías Montes Huidobro, aun en los momentos más difíciles, no ha perdido su vocación de cubanidad, a cuyo teatro de las dos orillas, nunca ha dejado de apoyar, divulgar y examinar, o mejor aun: servir, tal entendía el vocablo/concepto José Martí.

PARA CONOCER MÁS SOBRE MONTES HUIDOBRO:
Matías Montes Huidobro (Sagua la Grande, Cuba, 1931), dramaturgo, narrador, poeta y ensayista, hizo sus estudios de enseñanza secundaria en el Instituto Nro. 1 de La Habana, obteniendo posteriormente el doctorado en Pedagogía de la Universidad de La Habana. En 1953 se casa con Yara González Fernández-Hermo, de cuyo matrimonio tienen dos hijos, Ana María y Eugenio.

En 1951 se da a conocer como poeta con la publicación de su texto “La vaca de los ojos largos”, antologado repetidamente; como narrador, con la publicación de su cuento “El hijo noveno”, en la revista Bohemia; como ensayista, en las páginas de la revista Nueva Generación, de la que sería uno de sus fundadores; y como dramaturgo, al recibir el Premio Prometeo por Sobre las mismas rocas, estrenada ese año. Entre 1959 y 1961 reanuda su actividad creadora con nuevos bríos, estrenando varias obras dramáticas en el breve período de tres años: Los acosados, Gas en los poros, La botija, El tiro por la culata y Las vacas (que recibe el Premio “José Antonio Ramos” en 1960). Ejerce la crítica teatral en el periódico Revolución, donde también publica artículos en la página editorial; colabora extensamente en Lunes de Revolución y es comentarista teatral en un programa semanal de CMBF Televisión Revolución, enseñando en la Escuela de Periodismo hasta su salida de Cuba camino del exilio el 27 de noviembre de 1961. Entre 1962 y 1964 se establece en Meadville, Pennsylvania, donde enseña en las escuelas secundarias de la comunidad. En 1964, lo hará en la Universidad de Hawai, donde también ejercerá su esposa, la también escritora y ensayista Yara González, hasta la fecha de jubilación de ambos en 1997 como profesores eméritos de dicha institución, pasando a residir en Miami, donde siguen escribiendo y publicando.

Durante su extensa e intensa carrera profesional, Montes Huidobro también ha sido invitado a enseñar en las Universidades de Pittsburgh y en la de Arizona, como en el Swarthmore College, participando en congresos universitarios en EUA y el extranjero. A su vasto trabajo como creador y ensayista, se agrega su labor como divulgador de las letras cubanas. En 1976 funda, con la colaboración de su esposa, la revista Caribe, apareciendo cuatro números. La revista se seguirá publicando posteriormente en una nueva etapa gracias a la labor de los profesores Jorge Febles y Armando González-Pérez, deviniendo uno de los esfuerzos editoriales de mayor permanencia de las letras cubanas en EUA. Entre 1987 y 1991 fundarán Editorial Persona, destinado a preservar el patrimonio cultural cubano, publicando importantes títulos de autores cubanos del exilio, mientras que en 1995, 1998 y 2001, Anales Literarios dará a conocer números monográficos de valor incalculable sobre la dramaturgia, la poesía y la narrativa cubana. Finalmente, en el 2000 establecen Pro Teatro Cubano con un objetivo similar en relación con la escena.
colegamigo46@gmail.com; Waldo González López
Tomado de: www.TeatroenMiami.com

 

Un comentario

  1. WALDO GONZALEZ LOPEZ

    ME SATISFIZO MUCHO ESCRIBIR Y PUBLICAR ESTE COMENTARIO DE ELOGIO (PRIMERO EN TEATROENMAIMI.COM Y AHORA EN PRIMAVERA DIGITAL) SOBRE ESE GRANDE Y SENCILLO COLEGAMIGO MATIAS MONTES HUIDOBRO, GENUINA FIGURA DEL TEATRO CUBANO DE LAS DOS ORILLAS, PUES, FORMADO EN CUBA, PARTIRIA AL EXILIO MIAMENSE EN 1961 CON SU INSEPARABLE ESPOSA YARA GONZALEZ, DONDE AMBOS CREARIAN UNA EXCELENTE OBRA DE INVESTIGACION TEATRAL Y LITERARIA, FUNDARIAN REVISTAS Y MUCHO MAS, PARA CONFORMAR UNA PAREJA DECISIVA, CON LA QUE HAY QUE CONTAR COMO FIGURAS DECISIVAS, FUNDAMENTALES DE LA CULTURA CUBANA.

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