Economía

Mercado socialista: nueva forma de intervención estatal

El Cerro, La Habana, Emaro (PD) Para las autoridades cubanas, la palabra Revolución significa  socialismo a ultranza, más allá de lo que etimológicamente significa esta palabra referida a cambios y al período de tiempo en el que ocurren estos. 

Aparentemente, se han creado nuevos espacios en lo que llaman Actualización del Modelo Económico.

Específicamente, esbozaremos el funcionamiento del “mercado” en el sector transporte de pasajero en La Habana de manera que se visualice su anómalo funcionamiento y lo que significa la Actualización para él.

Los actores económicos de este sector lo componen:

1-Las empresas  estatales de transporte de pasajeros, de subordinación local al gobierno de la capital, dígase, la Empresa Provincial de Ómnibus  Urbanos, la Empresa Transmetro, que ofrece dos tipos de servicios o tarifas de transporte en ómnibus y microbuses, y la Empresa Estatal de Taxis;

2-Las recientemente creadas y subsidiadas Cooperativas de Taxis, con fachada de actores privados que operan microbuses y flotillas de autos modernos importados por el Estado a precios del mercado internacional para la renta de autos a turistas extranjeros, los cuales, después de 2 años de explotación y depreciación contable, son traspasados a las cooperativas de taxis, además poseen repuestos accesibles e inversión inicial muy baja por cada auto; 

3-Los taxis privados, que legalmente funcionan bajo la figura de “trabajo por cuenta propia”, con licencias para transporte público de pasajeros. Generalmente estos autos con valor promedio de 14 000 CUC, como inversión inicial, son de procedencia estadounidense, construidos entre 1948 y 1959, con alrededor de entre 60 y 70 años de explotación, y con capacidad para 5 personas. Son lógicos los colosales gastos de reparación, mantenimiento. Carecen de piezas de repuesto.  Son museos rodantes que se mantienen circulando gracias al ingenio y la necesidad  del cubano.

Un taxi moderno, dígase el más barato, un auto chino, por ejemplo, un Geely  modelo CK fabricado en 2008 cuesta a las personas naturales, en el mercado interno, 32 000 CUC, no pudiéndose importar directamente por estas.

Para entender las tarifas que se aplican, necesariamente hay que explicar que el nivel adquisitivo del cubano es extremadamente bajo  y que en Cuba hay 2 monedas de curso  legal: el peso cubano (CUP) y el peso convertible (CUC). 25 CUP equivale a 1CUC, y la convertibilidad del CUC (cambio oficial) es 1CUC  igual a $1 USD.

Los ómnibus de líneas regulares tienen una tarifa oficial de 40 centavos  por persona, pero en la práctica cuestan un peso, dada la pronunciada escasez y falta de uso de las monedas, al estas no tener ningún otro valor de uso. Esto incrementa su precio.

Los ómnibus más confortables  operados por Transmetro, los llamados taxi-buses, tienen una tarifa oficial de 5 pesos por persona  (el equivalente a 0.25 CUC).

Donde sí se produce una “competencia” es en el sector de los taxis, donde confluyen las empresas estatales, las cooperativas y los taxis privados (los llamados “boteros”).

Actualmente, las tarifas por servicios regulares de taxis colectivos están definidas en una resolución del Ministerio de Finanzas y Precio y del Ministerio de Transporte. Básicamente es 5 Pesos (0.20 CUC) por cada 5 Km/pasajero.

En los taxis, a partir de 1992, hubo cambios importantes. Los de empresas estatales solo se dedicaron a operar en el jugoso mercado en divisa (CUC) y algunos limitados servicios sociales como funerarias y hospitales. Se autorizaron licencia a actores privados, a los boteros, quienes desarrollaron los servicios de taxis colectivos como servicios de líneas regulares con una tarifa de 10 pesos/pasajero, no permitiéndoseles hasta la actualidad hacer piquera, en especial en los aeropuertos, terminales de cruceros, hoteles, terminales de ómnibus que operan en CUC, o sea, en donde se pueden encontrar a los buenos clientes, los que pagan en divisas por carreras individuales y servicios personalizados.

En el verano de 2015,  el gobierno intentó regular las tarifas de los boteros. Los acusaron de abusar de las tarifas y acortar los tramos de sus rutas. Los choferes,  en contraposición, referían que los costos y valor del combustible se habían elevado. 

Por estrategia o por coyuntura, el gobierno  creo las cooperativas de taxis colectivos con rutas regulares, desplegando en la prensa una campaña favorable a las mismas, pero resultó que las tarifas son más o menos similares a las que cobraban los boteros.

En este escenario, se desarrolla una competencia en una lid poco favorable a los actores privados que tienen costos operativos más altos  que los estatales, provocando merma en los beneficios de los particulares.

 

 

Básicamente este escenario describe una clásica competencia desleal de las cooperativas hacia sus colegas privados, lo cual da a los privados, en virtud del Código Civil Cubano, la legitimación para reclamar en los tribunales compensaciones en la misma proporción que las recibidas por las cooperativas con base a los ingresos o las utilidades reportadas. Del mismo modo, pueden reclamar, en virtud de la misma Ley, al Estado indemnizaciones por daños y perjuicio.

Si a ello le sumamos las deplorables condiciones de las vías, una reciente campaña gubernamental de revisiones técnicas por la Policía en plena vía pública a los Boteros, a quienes se les retira  la matrícula del auto hasta por fallo de un intermitente o porque los frenos de emergencia no funcionen correctamente (alrededor de 400 autos/mes han sido afectados), y recientes declaraciones del ministro de Transporte en defensa de los taxis estatales que a pesar de todos los beneficio dados, aún no son empresas rentables, resulta  una pelea de boxeo de un peso pluma contra un  súper pesado.

Es cierto que el embargo norteamericano provoca muchos contratiempos y gastos extraordinarios a Cuba, pero me niego a creer o dudar de la capacidad de adaptación del gobierno y de las empresas cubanas para enfrentarlo. No porque  mi vecino sea enemigo todo mi ser debe vivir en una constante depresión.  Lejos de ello, se extiende la idea paternalista e intervencionista del Estado cubano sobre el individuo, con justificaciones avaladas por “el bloqueo” y no en las carencias de un país que casi no produce  e importa el más insignificante producto de consumo, y no permite el desarrollo de las fuerzas productivas si estas no tienen un elevado componente de activo estatal.

Los llamados “logros de la Revolución” se deben al sacrificio realizado por todos los cubanos, incluso de los que viven en el exterior y que soportan a sus familiares en Cuba con sus remesas e inversiones en negocios familiares que cada vez se hacen más difíciles. 

El estado cubano es como el perro del hortelano, no come ni deja comer. El funcionamiento del  mercado socialista busca mantener el status quo a cualquier precio, no permitir el desarrollo individual, los emprendimientos privados, hacer que la contratación de mano de obra sea a través de empresas estatales  que venden caro sus servicios y pagan salarios irrisorios a sus trabajadores.

Parece ser que en Cuba todos somos y aportamos igual, nadie destaca por encima de otros, todos son dispensables. Lo tomas o lo dejas. El individuo debe sacrificar todo en función del Estado. Ni la satisfacción personal ni el sacrificio realizado  es importante, ni siquiera tiene un reflejo en el salario. Excepto los militares, que sí tienen formidables sistemas de estímulos materiales anuales en dependencia de su rango y cargo, que incluyen hasta viviendas.

No hay nada más desigual que el igualitarismo. Todos no somos iguales, ni cosechamos los mismos éxitos, ni tenemos las mismas capacidades, ni realizamos los mismos esfuerzos o cultivamos el intelectos de igual manera. Si Cuba va a ser socialista, que  al menos se cultive el precepto de “a cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo”. 

Existe la idea en las altas esferas del PCC que la acumulación de dinero en manos de personas naturales dará al traste con el actual sistema . La resistencia al cambio, el miedo, reina en los dirigentes cubanos.

eduardom57@nauta.cu

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