Destacados Primera Plana

Mistificaciones

Arroyo Naranjo, La Habana, Luis Cino (PD) No se puede culpar solo a la burda versión castrista del realismo socialista de las mistificaciones en la cultura cubana. Estas han sido numerosas y se iniciaron siglos antes, incluso antes de que se formara la identidad nacional.

“Espejo de paciencia” de Silvestre de Balboa, considerada la primera obra literaria cubana, es algo así como nuestra Ilíada, pero sus orígenes y autenticidad aún están en discusión.

De tan idílicos, los grabados de Landaluze casi hacen sentir añoranza por la esclavitud y los tiempos coloniales.

Y qué decir del siboneyismo de los poetas Plácido y José Fornaris, que idealizaron una sociedad primitiva que había sido totalmente aniquilada dos siglos antes por los conquistadores españoles.

A sabiendas de ello, esa visión romántica e irreal fue seguida con entusiasmo por los poetas criollistas Eduardo Sánchez de Fuentes, Gustavo Sánchez Galarraga y otros, que se apropiaron de los bohíos, no para reflejar la dura realidad de los guajiros en los campos cubanos, sino para que sirvieran de ambientación a cursis poemas y canciones (¿recuerdan aquello del “amor de mi bohío” y “la manito blanca que me dice adiós”?).

Algo similar sucedería posteriormente con los solares y cuarterías de La Habana, convertidos gracias al cine (Un día en el solar, Cuba baila) y más recientemente por los vídeo clips de timba y reguetón, en templos del baile, la música, la sensualidad –preferiblemente de piel tostada o negra- y la gozadera, y no en los deprimentes e insalubres almacenes de gente paupérrima, marginales y náufragos de la sociedad que realmente eran y aun son.

De las mistificaciones y las idealizaciones más o menos interesadas no escaparon los escritores de Orígenes, con su visión teleológica- católico- burguesa de lo que creían debía ser Cuba.

Paradiso, de Lezama Lima, es un monumento de novela, pero es poco real a fuerza de tanto intelecto y sofisticación, y su protagonista, José Cemí, difícilmente es representativo de un cubano.

Gran parte del arte cubano actual está poblado de símbolos falsos, creados por artistas que perdieron el contacto con la realidad y que por conveniencia, cobardía o escapismo, rehúyen encontrarlo, escudados en el posmodernismo y la descontextualización.

Así, con tanta realidad adulterada, en medio del desmadre nacional de hoy, hemos llegado a la postal turística en la que nos han convertido con destino al marketing internacional. Ese es el país que se quiere vender.

No importa que Abel Prieto y Miguel Barnet hablen de rescatar la cultura nacional o lo que ellos entienden como tal, o sea, la cultura oficial, bodrios y panfletos incluidos, ante la avalancha de la cultura de la Coca-Cola.

Hoy, lo que más se conoce de Cuba en el mundo es lo que se promociona: las camisetas y los posters del Che Guevara (lo único que va quedando de la hagiografía castrista), las playas, el ron, los habanos, el sexo barato de jineteras y pingueros, la santería folklórica de utilería, los carros americanos antiguos con partes rusas y chinas en sus entrañas, La Habana de utilería y colorete de Eusebio Leal y no la de Cabrera Infante, las ruinas que ciertos turistas se apresuran en visitar “antes de que todo cambie”, como tienen el descaro de confesar, convencidos como están de nuestra virtuosa resignación a subsistir eternamente miserables, pero contentos.

Es la imagen que nos crearon y que aceptamos, tan ocupados como estábamos en sobrevivir en medio de los experimentos castristas.

Me viene a la mente ahora la ocasión en que una turista extranjera, rubia, rolliza y bastante ajada, tan pronto montó en una atestada guagua de la ruta P-6, empezó a sonar las maracas que llevaba. Como los pasajeros no empezamos a menearnos y retorcernos al compás del ritmo, como ella esperaba, la mujer no podía ocultar su desazón y desencanto con nosotros, los nativos, tan raros e incomprensibles para la mentalidad del Primer Mundo.
luicino2012@gmail.com; Luis Cino

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*