Política

Morgan

Arroyo Naranjo, La Habana, Luis Cino, (PD) El 11 de marzo se cumplió el aniversario número 55 del fusilamiento en la fortaleza La Cabaña, en 1961, del norteamericano William Morgan. Luego de más de cuatro meses de encierro en La Cabaña, Morgan, acusado de agente de la CIA, había sido juzgado sumariamente y condenado a la pena capital menos de 48 horas antes.

En el mismo juicio, su esposa, Olga María Rodríguez, una joven que había combatido bajo sus órdenes, fue condenada, sin pruebas firmes en su contra, acusada de “conspirar contra la revolución”, a doce años de cárcel.

Morgan era uno de los tres comandantes extranjeros de la revolución que derrocó al régimen de Batista. Los otros dos eran el español Eloy Gutiérrez Menoyo, del cual Morgan había sido su subalterno en el Segundo Frente del Escambray, y el argentino Ernesto Guevara.

Morgan cayó en desgracia cuando empezó a cuestionar la deriva hacia el comunismo que tomaba el régimen revolucionario. Hasta entonces, había sido de los comandantes más próximos a Fidel Castro, quien solía mostrarse deferente con él y elogiar su valor.

Castro, que lo llamaba “el Comandante Yanqui”, solía repetir: “Morgan no es americano, es cubano”.

En los primeros tiempos del régimen revolucionario eran mucho mejores las relaciones de Fidel Castro con Gutiérrez Menoyo y Morgan que con Faure Chomón y los demás dirigentes del Directorio Revolucionario Estudiantil (DRE), la organización rival del Segundo Frente durante la insurgencia y con la que Castro tuvo varios encontronazos en los primeros meses de 1959 antes de que lograra desarmarla y ponerla totalmente bajo su férula.

William Alexander Morgan había nacido en Cleveland, Ohio, en 1928. En 1946, con 18 años, cuando era soldado de las fuerzas norteamericanas de ocupación en Japón, fue condenado a prisión por indisciplina. En 1950 le dieron baja deshonrosa del US Army. Seis años después fue a parar a Cuba, embullado por Jack Turner, un aventurero amigo suyo, quien lo conectó con los revolucionarios que combatían contra la dictadura de Batista, y a quienes suministraba armas y explosivos.

A finales de 1957, Morgan se unió en la sierra del Escambray a los alzados de Gutiérrez Menoyo. Poco tiempo después, Menoyo, que por entonces tenía 22 años, designó como su segundo a Morgan, que aun no había cumplido los 30.

Las fuerzas del Segundo Frente, integradas por ortodoxos, auténticos y campesinos, se escindieron del DRE y no participaron del Pacto del Pedrero con el Ejército Rebelde, debido a las desavenencias de Gutiérrez Menoyo con Faure Chomón y Rolando Cubela. Enojado porque los seis grupos guerrilleros del Segundo Frente no se subordinaban a su mando, Che Guevara los acusó de cuatreros y les endilgó el calificativo de “come-vacas”. Pero lo cierto es que a finales de 1958, los combatientes del Segundo Frente, con sus ataques a los cuarteles del ejército gubernamental, contribuyeron a la victoria en Las Villas de las fuerzas de Guevara.

Morgan, que se distinguió por su arrojo en los combates, se unió en Cienfuegos a la caravana rebelde encabezada por Fidel Castro, y entró en La Habana el 8 de enero de 1959.

El aprecio de Fidel Castro por Morgan y Gutiérrez Menoyo aumentó luego de que contribuyeran al fracaso de una expedición de ex-militares partidarios de Batista, que con el apoyo del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo proyectaban una invasión por el sur de Las Villas. En aquel rocambolesco episodio, Morgan, simuló estar de acuerdo con los conspiradores, les hizo creer que los conspiradores tenían tomada Trinidad, y posibilitó la captura por las fuerzas castristas de un avión con armas y hombres que procedente de Santo Domingo, aterrizó en el aeropuerto trinitense el 12 de agosto de 1959.

Cuando informó de los hechos en la TV, Fidel Castro, que se adjudicó el papel principal en la captura del avión y los invasores, presentó a Morgan como un héroe.

El declive de Morgan se inició unos meses después, luego de varios choques respecto a la creciente influencia de los comunistas en el gobierno, con Che Guevara y Félix Torres, quien había comandado en la zona de Yaguajay, una más bien simbólica por lo exigua, tardía y poco efectiva guerrilla del Partido Socialista Popular (PSP), antiguo aliado de Batista, y que más que por la violencia revolucionaria, apostaba por “la lucha de masas”.

Morgan empezó a ser relegado. Lo enviaron a dirigir un centro de cría de ranas toros en el Escambray. Allí fue arrestado en octubre de 1960, acusado de alentar una conspiración contrarrevolucionaria dentro de las filas del ejército.

Cuentan que cuando Fidel Castro fue a verlo a la cárcel, poco antes de la ejecución , Morgan se mostró desafiante y cantó estentóreamente, interrumpiendo el regaño del Máximo Líder, que por demás no parecía dispuesto a perdonarle la vida a su otrora admirado Comandante Yanqui.

El régimen mostraría un ensañamiento post-mortem contra Morgan. Se negaría, pese a sus reclamos durante años, a entregar sus restos a su viuda, quien cumplió íntegramente su condena y se exilió en los Estados Unidos en 1980. Adicionalmente, los escribas de la historia oficial repiten el argumento de “la traición de Morgan” y su pertenencia a la CIA.

En un artículo titulado “Cuba, obsesión estadounidense”, aparecido en la revista Bohemia el pasado 20 de enero, su autor, Fabián Escalante, un alto oficial del Ministerio del Interior pasado a retiro y que funge como escribidor de la Seguridad del Estado, afirma que el Segundo Frente fue una creación de los servicios de inteligencia norteamericanos enfilada contra el liderazgo de Fidel Castro, y llega al extremo infame de acusar a sus combatientes de “cometer desmanes y crímenes contra la población campesina para desacreditar al movimiento revolucionario”, y compararlos con las guerrillas que apoyan al Estado Islámico (¡!).

Afirma Fabián Escalante en dicho artículo: “…dos agentes bajo contrata de la CIA, William Alexander Morgan y John Mapple Spiritto, se encargaban de controlar a los rebeldes de Menoyo”.

Así, con sus falsedades sobre el Segundo Frente del Escambray, el castrismo continúa la distorsión y reescritura de la historia de la revolución.

Foto: Wiiam Morgan. Secretos de Cuba
luicino2012@gmail.com; Luis Cino

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