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Muchos deseos, pocas opciones

Centro Habana, La Habana, Marta Beatriz Roque, (PD) Es muy difícil para los que estamos involucrados en obtener la libertad de Cuba, dejar de pensar en el problema circundante. En algunas ocasiones quisiera poder tener una bola de cristal mágica –que además funcione- para ver el futuro y conocer cómo, cuándo y quiénes desatarán los acontecimientos que nos permitan llegar a la democracia, porque lo que no hay ni siquiera que pronosticar es que esto va a suceder de todas formas.

En mi opinión, se pueden estimar tres posibles sectores de cambio: los trabajadores por cuenta propia que forman parte de la incipiente sociedad civil, los opositores y una parte del oficialismo.

Para todos está reciente aún la situación que se presentó con los taxis particulares, conocidos de forma popular como “almendrones”. Una vez que el régimen quiso controlar –de forma oficial- el precio del pasaje, hubo una especie de huelga, que en particular paralizó buena parte de la movilidad en la capital. Los inspectores afloraron a la calle a reprimir, incautaron autos, pusieron multas; tan solo su presencia ya era un motivo para que los “taxistas” no salieran a trabajar. Pero pasado un corto tiempo, abandonaron la escena, la gente seguía pagando lo que pedía el dueño del vehículo por el viaje y la presión hizo que se tuviera que admitir que todo siguiera igual.

Este no ha sido el único ejemplo. Hace unos meses atrás, José Ramón Machado Ventura salió a la palestra pública a “defender” al pueblo por los excesivos precios de los productos agrícolas. Se pusieron topes y se hizo un gran movimiento de control, pero el Estado no podía suplir las necesidades de alimentos y en un abrir y cerrar de ojos, todo volvió a ser lo mismo.

Se pueden poner otros ejemplos, pero estos son suficientes para indicar la fuerza que puede tener este grupo social ante el poder del Estado. La concentración de pequeñas sumas de capital en manos de algunos cuentapropistas, lo que incluye a los hijos y nietos de la gerontocracia, hace que algunos productos deficitarios en el mercado oficial, solo estén en manos de los dueños de negocios de alimentos y bebidas.

Hay muchas mercancías que escasean en los comercios, pero pudiéramos citar la carne de res, la malta y la cerveza de producción nacional y los refrescos, que se venden en el sector privado, como es natural, a precios altos, ya que estos productos se compran en la red mayorista y el propio Estado los vende caros. Por ejemplo, una malta marca “Bucanero” vale 60 centavos en los establecimientos oficiales, pero la mayoría de las veces no hay, porque cuando la abastecen, los particulares las compran por grandes cantidades y pagan 1 cuc (25 pesos) por encima del precio de cada caja, lo que implica que los dependientes –con salarios muy bajos- hacen negocios con ellos. Si usted quiere tomar este tipo de malta, solo tiene que ir a un establecimiento privado y comprarla al precio de 1 cuc cada una.

Si esta fuerza social decidiera en un momento unirse, la presión ante la dictadura sería mucha, porque cada día se incrementa en cantidad y capacidad financiera, algo a lo que siempre ha temido mucho la cúpula gobernante, porque: “dinero es poder”.

Sin embargo, los opositores cada día se debilitan más, porque no se logra ni siquiera la solidaridad entre ellos. Ya no hablo de unidad, el tiempo ha demostrado que eso es imposible, en toda la extensión de la palabra. Algunos proyectos han llegado a su fin, ya sea porque se han ido de forma definitiva sus líderes o porque pasan una parte considerable del tiempo en el extranjero y no hay dudas de que ser disidentes y hacer un trabajo sistemático contra la dictadura es tarea para ejecutar dentro de la isla. Algunos sufren la infiltración de la policía política y la inteligencia, y han perdido el rumbo. No obstante, siempre será la punta de lanza en el cambio y un ejemplo para el resto del pueblo de que se puede enfrentar al sistema, aunque se expíen altas condenas, sin ser delincuentes, como las han penado y siguen sufriendo algunos opositores.

Por su parte, el oficialismo es la fuerza de cambio superior. Dentro de las filas del régimen hay también quienes no están de acuerdo, sobre todo, con los preparativos de acomodo de la “familia real” para el cambio. Quizás sin verse tanto como sucedió en Nicaragua, ha habido una pequeña piñata de repartición de caramelos, convertidos en casas, autos, cargos, viajes, dinero; en fin, los descendientes del poder, han ido tomando posesión y van heredando puestos claves en la estructura del régimen.

No habría que olvidar la forma en que poco a poco se ha ido militarizando la economía. Altos oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior han colgado sus uniformes para dedicarse por entero a los negocios y también ¿por qué no? abrirle su “economía privada” al vástago de la familia.

Siempre que se pueda leer y escuchar entre líneas, se tendrá idea de que para algunos de los que han participado en esta pesadilla a los más altos niveles, no todo es color de rosa.

Se puede poner como ejemplo lo que sucedió el pasado 20 de marzo, en el espacio “En Persona de la Mesa Redonda”, con el entrevistado Julio García Olivera, que fuera compañero de José Antonio Echeverría y miembro del Directorio Revolucionario. Durante la comparecencia, se pudo constatar en sus palabras una especie de falta de confianza en lo que pueda hacer el relevo de la gerontocracia, cuando dijo de forma textual: “Ahora estamos en una etapa de cambios y la juventud necesita dominar todas estas experiencias y que tenga claro el problema de la unidad, con la que hemos derrotado todas las maniobras del enemigo. Si nos dividimos estamos perdidos en un mundo totalmente contrario a una Revolución Socialista”. Vivo aferrado al concepto de la unidad como el concepto más importante en el que tiene que reflexionar la juventud. Hay que interiorizar el problema de la unidad para lo que venga”.

Sin sacar de contexto “para lo que venga”, puede entenderse que algo se espera y que no se está preparado para ello, porque la juventud no domina “la unidad” y tiene que reflexionar e interiorizar este concepto.

La estocada política sigue siendo la misma, las cosas funcionan bien, se plantean con mucho optimismo, según el Noticiero Nacional de Televisión; la mayoría de las noticias tienen un “toque de distinción” en el que se menciona a Fidel Castro, como el que lo creó, lo dirigió, lo alentó, etc., lo que quizás quiera decir que su hermano le quiere echar a él la culpa de este desastre en que se ha convertido el país.

Ya se terminó la última consigna inventada: “Yo soy Fidel”. Es algo prohibido sin tener que decir que no lo repitan.

En algún momento, quizás en el menos esperado, tendremos los anuncios de cambio que todos estamos necesitando y cualquiera de los factores antes mencionada podrá cooperar para ello, quizás entrelazados uno con otro.
comuni.red.comunitaria@gmail.com; mbrcnuevocorreo@gmail.com, Martha Beatriz Roque

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