Sociedad, Tecnologia

No todo está perdido

“Ningún problema puede ser resuelto desde el mismo nivel de conciencia que lo creó.”
Albert Einstein

Miami, USA, Karyon Kuma (PD) El panorama de un medio ambiente apocalíptico es una preocupación que aumenta año tras año. Polución, sustancias tóxicas y todo tipo de contaminación amenazan los ecosistemas a escala global. Los ríos y mares usados como vertederos constituyen una realidad que además de preocupar, avergüenza. Nunca deja de asombrar hasta dónde puede afectar la acción devastadora del ser humano a la naturaleza en su conjunto. Para erradicar los efectos negativos, las soluciones comienzan a tomar fuerza mediante respuestas acertadas que permiten reutilizar los desechos como fuente de energía.

El acercamiento a los avances tecnológicos y científicos ha estado en el punto de interés de nuestros más recientes trabajos con la intención de focalizar en las bondades del mundo innovador partir de una relación futurista. En consecuencia, también la energía limpia es objeto de interés para nosotros.

En este mundo casi surrealista hay países que compran el derecho a emitir contaminantes y otros a vender su cuota de emisión debido a la desventaja industrial; este tratado se conoce como el comercio de derecho de emisión, lo cual nos conduce a los gráficos donde se concluyen datos respecto al nivel de responsabilidad, y en específico,en cuanto a la relación de países con mayor índice de expulsión de CO2, encabezados por China y seguida por Estados Unidos; luego aparecen la Unión Europea, India, Rusia, Japón, Alemania e Irán, sólo por mencionar los más significativos.

Para ampliar la perspectiva nos preguntamos quiénes tienen inversiones,qué marcas,qué compañías. Pero en materia de responsabilidad, los nombres son algo abstractos y globales, los números son demasiado vagos y escurridizos pues el mundo entero invierte aquí y allá, los intereses se cruzan y superponen.

Toda esta maquinaria contaminante funciona como una bomba de reloj para el planeta pues el CO2 es apenas un elemento entre muchos otros; nos amenaza además una catástrofe silenciosa y ésta se encuentra relacionada con el destino final que espera a los residuos y materiales de desecho plástico.

Somos testigos del incremento de métodos sofisticados basados en nuevos equipos diseñados para limpiar las aguas, algo que es realmente alentador si además conocemos que los proyectos van más allá de la labor de limpieza, pues los mismos vienen acompañados de una conciencia enfocada hacia la reutilización de los desechos como fuente de energía, incluso como materiales de construcción u otros usos.

Hablemos del plástico. Sabemos que este material sintético relacionado con derivados del petróleo y otras sustancias naturales tiene una historia fascinante. Su proceso de descubrimiento y posterior explotación nace en 1860 y alcanza madurez a principios del siglo XX. El plástico fue objeto de búsqueda para crear bolas de billar con la esperanza de sustituir el marfil que era entonces el material usado, y como solía suceder en épocas pasadas, se convocó a concurso, se ofrecieron recompensas y premios lanzando así un llamado a los especialistas en química para lograr el material apropiado para tal propósito. Dicho y hecho, el mundo le dio la bienvenida a una familia que quedaría con nosotros como un aliado para gran parte de nuestros inventos y necesidades: los polímeros.

Su aplicación en todas las ramas de la industria permitió acelerar y cambiar el modo de vida y han moldeado la civilización, acompañando la cultura del hombre desde hace algo más de un siglo. Tal es su aceptación que, si es permitida la anécdota a manera de breve comentario, podemos recordar que el cine no pasó por alto el auge del plástico y el original producto se llevó su homenaje en el filme El Graduado, protagonizado por Dustin Hoffman. A Calder Willingham, uno de los guionistas del filme, se le atribuye la frase que alguien suspicaz y con visión de futuro aconsejara al joven graduado: “Sólo quiero decirle una palabra, una nada más: plástico”.

Sin embargo, la práctica demuestra el efecto devastador del plástico debido a su lenta degradación luego de ser desechado; en consecuencia, este inconveniente ha pasado a ser unos de los problemas más acuciantes de nuestros tiempos.

Con absoluto desconcierto llegamos a conocer acerca de sitios donde la contaminación alcanza niveles alarmantes. Las llamadas islas de plástico o islas basura, por ejemplo, son secciones marítimas donde se vierten los residuos de ciudades enteras; una de estas áreas está ubicada en el Océano Pacífico y es irónicamente catalogada como el“séptimo continente”. En general, estos espacios deben su calificativo a las toneladas de desperdicios flotantes, compuestos en su mayoría de plásticos, que ya ocupan una extensa masa oceánica y que por supuesto afectan dramáticamente tanto a las especies locales como a los habitantes cercanos a la región.

Un primer avistamiento fue hecho en 1997, cuando el capitán Charles Moore navegaba desde Hawái hasta California y tras un desvío de ruta, halló flotando en el agua una ingente cantidad de botellas de plástico acompañadas de otros desechos. Moore decidió crear Algalita Marine Research Foundation, lo que ha resultado ser un significante esfuerzo destinado al cuidado de los océanos y a través del cual el equipo de trabajo e investigación expone y denuncia la realidad a pie de campo.

Varían los cálculos respecto al tamaño de la llamada isla de plástico. Greenpeace estima que su longitud es mayor al espacio ocupado por la región que abarca Texas, mientras que el Centro Nacional de Estudios Espaciales Francés (CNES) considera que su superficie asciende a más de tres millones de kilómetros cuadrados consistente en una mancha de partículas suspendidas en el agua por la lenta descomposición.

Algunas fuentes estiman que hasta ocho millones de toneladas de plástico terminan en el mar cada año.

Hay también algunas de estas zonas en el Atlántico. Cerca de Chile y Perú existe otra nueva concentración de este tipo de vertedero que se ha comparado en cuanto a dimensión con el tamaño de México. En remotas zonas del Océano Pacífico, como es la deshabitada Isla de Henderson, se han hallado millones de desechos plásticos.

De igual forma encontramos otros focos de atención en el Océano Indico, en Las Maldivas. las cuales presentan dos reconocimientos contradictorios: una parte feliz conocida como destino turístico, la otra, célebre por acoger un enorme vertedero que la hace clasificar como una de las zonas marítimas más contaminadas de cuantas existen; allí, sólo con un primer acercamiento, veremos algún que otro yate de lujo encallado, no en la arena o las piedras, sino entre la tupida “maleza” de residuos plásticos que al irse degradando transfiere los componentes al agua.

Como resultado de esta imparable crisis,la salud, evidentemente corre un dramático peligro. Se ha demostrado a través de exámenes médicos que hoy en día poseemos elementos residuales de estos productos incorporados al cuerpo, es decir, han penetrado a través de la cadena alimenticia y seguidamente pasan a formar parte delos organismo vivos con el peligro de llegar a generar nada menos que mutaciones. En el caso de los seres humanos, se dice que puede afectar a la mujer en el período de gestación. Cuerdas de plástico, tapas, potes de cosméticos y hasta fosforeras han sido halladas en el estómago de las aves de mar y peces.

Obviamente, el tema en cuestión es crucial también para el equilibrio climático.El investigador Charles Moore ha hecho notar que el plástico acumula calor y en contacto con el agua en tales magnitudes, contribuye al calentamiento de la superficie de los océanos, lo que puede influir en la intensificación de las tormentas.

Desconsuela la evaluación y la cifra de estos núcleos contaminantes. Según el diario The Guardian, cada un minuto se compra un millón de botellas de plástico alrededor del mundo y el número aumentará en un veinte por ciento para 2021.

Pero aún no todo está perdido y encontramos cierta esperanza; a pesar de la negligencia y el silencio alrededor de esta situación, aumenta la voluntad a nivel internacional para rescatar el equilibrio a partir de un medio ambiente libre de tóxicos.

Varios tipos de tecnologías han sido diseñados para hacer realidad el adecuado reciclaje de desechos y en específico, para absorber los residuos de ríos y mares. Equipos con sistema de rastrillo y otros de absorción y filtro mueven la basura hacia cintas transportadoras que la va depositando en barcazas para su posterior tratamiento y clasificación.

Simplemente genial ha sido la respuesta de Suecia para dar solución a la gran necesidad de abastecimiento de combustible a través de un programa de reciclaje de tal magnitud que hoy el país demanda la compra de desechos del exterior, y sí, va usted a escuchar bien: Suecia se ha quedado sin basura.

Considerado uno de los mejores del mundo, el sistema consiste en el envío de desperdicios de todas las comunidades urbanas, tanto industriales como de viviendas, hacia un sistema de canales de tubería subterránea selectiva donde luego de un proceso de incineración de residuos, estos son reusados como combustible para suplir la red nacional de calefacción, sobre todo en los meses de duro invierno.

El proceso incluye una clasificación de materiales desde el principio, de manera tal que cada grupo de desecho en particular irá por rumbo diferente, es decir, no se mezclan los variados componentes. Es activa la colaboración de la sociedad desde la fase inicial de recogida.

En Gran Bretaña, el ingeniero Adrian Griffiths y su equipo de la planta Recycling Technologies han logrado una interesante novedad que permite convertir, a través de un proceso químico, los productos de desechos plásticos en petróleo. Según explican, a través del proceso desarrollado se descomponen los productos para ser usados como energía.”Tenemos que crear nuevas tecnologías para que podamos vivir como queremos y no destruir el planeta”, ha expresado Griffiths. Su máquina es del tamaño de una cancha de tenis y procesa todo tipo de productos derivados del petróleo; el combustible resultante ha sido nombrado Plaxx, éste puede ser utilizado para hacer plástico otra vez o un tipo de combustible para motores de barcos.

Un tercer esfuerzo lo tenemos en la costa este de los Estados Unidos. Basada en tecnología centenaria, se ha diseñado una moderna alternativa en la cuenca del río Jones Falls que da al Atlántico. La Rueda de Agua y Energía Solar es un equipo que aprovecha la energía del sol en conjunto con el movimiento del agua para potenciar el funcionamiento de la rueda que arrastra y reconduce los desechos que llegan al río Jones para el reciclaje posterior. La maquinaria está ubicada a manera de filtro en la bahía de Chesapeake, en Baltimore, y es capaz de procesar diariamente 25 toneladas de desperdicios.Cuando merma la corriente, entra en uso el sistema de paneles solares que complementan su servicio. Los desechos recolectados se llevan a la planta de reciclaje donde son incinerados para producir electricidad.

Iniciativas como éstas son una referencia para las estructuras sociales, compañías y autoridades de gobierno que pretenden reajustar sus sistemas centrados en una filosofía de respeto medioambiental y bienestar para al menos acercarse, ya no digo alcanzar, una vanguardia que acabe de sentar las bases de una prosperidad sostenible, asumir riesgos y destrabar los obstáculos que impiden el reordenamiento y modernización necesarias que garanticen la calidad de vida en comunión con el medio.
cosmovisionsiglo21@gmail.com; Karyon Kuma
Imágenes. Autorizadas por Google para su uso libre
La isla de plástico en el océano sigue creciendo.
Fuentes
BBC News
Now this
Sweden.se
Conserve Energy Future
The Guardian

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