Cultura, Periodismo

Otra forma de periodismo

Plaza, La Habana, Jorge Luis González, (PD) Existe una novela de corte costumbrista del desaparecido reportero Félix Soloni (1900-1968), publicada en 1927, titulada “Virulilla”. En ella encontramos un capítulo que llama la atención cuando se refiere a las personas que por aquellos días ejercían el oficio periodístico sin calificación universitaria o académica. Por entonces los denominaban “periodistas por generación espontánea”.

Argumenta su autor lo siguiente: “es caso frecuente en una ciudad como La Habana, donde en una ocasión hubo dieciocho periódicos diarios, sin que exista un solo plantel, instituto o escuela para preparar a los que han de integrar las redacciones”.

Esto tiene semejanza con la situación actual de todos aquellos que con un bagaje de conocimientos adquiridos de manera autodidacta y dedicación, integran este pequeño grupo de los denominados periodistas independientes.

El autor de la obra señala: “El periodista se hace en estas latitudes sin estudio de ninguna clase. Un poco de imaginación, un menos de gramática y mucha actividad y consistencia, y al cabo de tres o cuatro años de experiencia…. surge el periodista; es decir, un individuo que sabe cómo y dónde se buscan las noticias…”

Podemos preguntarnos si los que hoy, de una forma u otra, tratan de realizar esta labor, no se han iniciado de esa manera.

La descripción continúa al reseñarnos otras características de los que por esa época, si no tenían otras ambiciones, poseían ideales, alguna cultura anterior y eran útiles, se mantenían en la riesgosa profesión, sujetos a las alternancias de carácter y economía de los dueños de los diarios, además del estado de ánimo del personal redactor e impresor.

Esta estampa novelada que nos presenta Soloni es casi un retrato de lo que viven en Cuba, aquellos que por su cuenta y riesgo asumen una posición para denunciar atropellos, violaciones de derechos humanos y un gran número de faltas a la legalidad, las cuales son quebrantadas por las autoridades según su conveniencia y de acuerdo al caso o persona de quien se trate.

Una pregunta latente ante estos hechos fehacientes, es ¿porqué el estado cubano teme tanto a la superación de los que escriben por su cuenta?

Si como ha expresado José Ricardo Díaz Caballero en su libro a lo cubano, “los que se titulan independientes o semi-independientes, parten el alma”, ¿cuál es entonces el problema?

Todo parece indicar que aun no estar bien redactado un escrito, molesta a la oficialidad.

¿A qué se debe el temor, si casi nadie nos puede leer? El mundo entero conoce que la gran mayoría de los cubanos carecemos de Internet, invento que está al alcance de cualquier ciudadano del mundo civilizado.

Subir a la red uno de nuestros escrito cuesta Dios y ayuda, y no solo por lo que hay que pagar, que es muy superior a otros países. Contestarle a algún lector cualquier inquietud es casi imposible por las mismas razones.

Los riesgos de detención, confiscación de los medios y otras medidas que se toman contra los informadores independientes, trae muchas veces consecuencias fatales para los que se deciden a ejercer la tarea. Solo pueden practicar este oficio los escogidos por el sistema, que hacen los estudios en la Facultad de Periodismo, y que por supuesto, deben ser los más incondicionales al régimen.

Podemos colegir del fragmento de la obra mencionada, que la manera de aplicar esta centenaria profesión sin haber recibido estudios y título, no es un invento de la actualidad tal, como quiere hacer ver el gobierno.

Soloni fue un prestigioso redactor y colaborador de numerosas publicaciones en la etapa republicana, y su diploma era el de bachillerato y derecho mercantil.

El periodismo independiente ha ganado también su espacio en los medios internacionales. La lista de nombres aumenta cada vez más. Juan González Febles, Luis Cino, Rogelio Fabio Hurtado, Osmar Laffita, Frank Cosme, Julio Aleaga Pesant y otros tantos integran ya una nómina que ha dejado su huella en la palabra escrita sin censura. Bienvenida sea entonces esta labor liberal.
jorgelibrero2012@gmail.com; Jorge Luis González

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