Internacional

Parodias

Arroyo Naranjo, La Habana, Luis Cino, (PD) Decía el famoso escritor argentino Ricardo Piglia, fallecido hace solo unos días en Buenos Aires, a los 75 años: “Donde antes había acontecimientos, experiencias, pasiones, hoy quedan solo parodias”.

Piglia, a pesar de haber escrito esa frase –desoladora de tan escéptica- en los años 70, en la época de la Guerra Fría, de las guerrillas y las dictaduras militares en América Latina, cuando todavía algunos creían sincera y firmemente, y no como pose o coartada, que era posible cambiar el mundo para bien, fue profético. Nos anunció el mundo de estafas, simulacros y payasos que estaba a punto de llegar, si es que ya no había llegado y no nos habíamos dado cuenta, románticos como éramos.

Hoy, aunque haya muertes y sufrimientos, tantos como siempre hubo, todo es parodia de lo que alguna vez fue Todo: los terroristas del Daesh que de tan atroces parecen escapados de los comics, la Rusia putinesca a la que se le ha reabierto el mismo apetito imperial de la época zarista y de aquella cárcel de nacionalidades que fue la Unión Soviética de Lenin y Stalin, la injuriosa, mezquina e irresponsable política de reality show que anuncia el impresentable Donald Trump en vísperas de asumir la presidencia del país más poderoso de la Tierra, el socialismo de estado del mandarinato chino que se sigue llamando comunista como en los tiempos de Mao, los energúmenos populistas y corruptos del socialismo chavista-bolivariano del siglo XXI, el payaso asesino aficionado a las armas nucleares que es Kim Jong Un, la revolución castrista cada vez más ineficiente, improductiva, ruinosa, ridícula y zafia, que sigue tercamente aferrada al socialismo, chantajeando y regateando a los timbiriches, mientras clama a gritos por la inversión del capital extranjero.

El patrioterismo, los nacionalismos enfermizos e irracionales y las invocaciones a la soberanía nacional siguen sirviendo de pretextos a tiranos, xenófobos, fanáticos religiosos, sinvergüenzas profesionales y frustrados y acomplejados patológicos que aspiran a tener las manos sueltas y a que nadie interfiera en sus tropelías.

¿A qué personalidad de peso le importan los millares de muertos en Siria, los refugiados que mueren en el Mediterráneo, los cubanos que huyen del castrismo, los mexicanos a los que Trump pretende frenar con un muro fronterizo, los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, los afronorteamericanos víctimas de la brutalidad policial, el hostigamiento a las Damas de Blanco, los palestinos encerrados en la Franja de Gaza, las tribus indígenas de la Amazonía, la independencia del Tibet, los disidentes presos en China?

Hoy, mientras se recalienta el planeta, se envenena la atmósfera y sigue subiendo el nivel del mar, también envenenado, y los hambrientos y los pobres lo son cada vez más, todo lo dicta la banca, las transnacionales, el consumismo, la moda, el oropel, las mentiras de las redes sociales, la tecnología de punta.

Y el arte y la cultura, como corresponde a la versión barata de la posmodernidad que terminó por imponerse, convertidos en una mezcla de feria y circo, donde todos caben, Justin Bieber, las hermanas Kardashian, Maluma, Gente de Zona, todos, pero más que todos, los más pedestres, los que menos talento demuestren, los más frívolos, los de peor gusto… ¿Dónde quedó todo aquello de la subjetividad del artista, la experimentación, la creatividad? ¿Acaso queda algo realmente novedoso que no se haya intentado antes?

Son parodias, simplificaciones, los remakes de las viejas películas de Hollywood, los best-sellers en los anaqueles de las librerías, los libros de autoayuda, los remix con destino a las discotecas de los clásicos del pop-rock de los años 60 y 70, los ritmos robados al Tercer Mundo, la música de los pobres y los atrasados, convenientemente diluida y etiquetada como “world music”.

De nada vale que algunos pretendan seguir trasnochados con el romanticismo revolucionario, la democracia, el respeto a los derechos humanos, la alta cultura y otras zarandajas demodé. No se esfuercen, ya estamos advertidos, sabemos que solo posan para las cámaras, a ver a quien logran engañar, por si queda algún bobo que se crea sus salmodias. ¡Qué mierda!
luicino2012@gmail.com; Luis Cino

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