Sociedad

Pasado pero no historia

El Cerro, La Habana, Eduardo Martínez, (PD) Hace varios meses, uno de los entrevistados por el cantautor Amaury Pérez en el programa televisivo Con dos que se quieran, fue el poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar.

La entrevista era en un set elegante y agradable, con muebles caros y buena iluminación. Los entrevistados de Amaury Pérez, defensor de nuestro indefendible sistema, a menudo son amables funcionarios del castrismo. Las preguntas que les hace Amaury muchas veces son muy personales, pero nada incómodas y seguramente entregadas al entrevistado con semanas de antelación pues no hay trastabilleos ni sorpresas desagradables. Todo parece correr sobre rieles. No hay improvisación. No es en vivo. Nuestra TV no trabaja así, ni en el estelar NTV.

El programa nos permite conocer, de personajes importantes, lo que ellos quieren que se sepa. Amaury Pérez se pone un poco baboso cuando emplea constantemente su risita y aparenta una amistad entrañable con todos sus entrevistados, lo cual, por supuesto, no es así.

Fernández Retamar, que tiene 85 años y tiene que ser ayudado a caminar debido a su inseguro paso, durante el programa, leyó algunos poemas y habló de su vida, de su familia y de lo hecho por la Revolución y por la Casa de Las Américas, y también de su fundadora, Haydee Santamaría.

Presenciando su discursear y su defensa ligera e inteligente de su accionar a favor de este proceso, me pregunté cómo se sentirán los integrantes de esa generación que ya va desapareciendo y ve la obra de sus vidas como languidece.

Estoy dentro del grupo etario que los sigue y participé activamente. Ahora, distanciado, observo el final.

Imagino a muchos intelectuales, como Retamar, a la izquierda latinoamericana y de todo el planeta, atentas, alegres, emocionadas y embulladas con las ideas de esta pequeña nación que pujaba por traer la Utopía a la realidad con el apoyo de gran parte de sus fuerzas sociales y abundante ayuda exterior.

La presión en contra es colosal, pero en las dos primeras décadas abundaban las esperanzas de que este sistema, aparentemente de los pobres, para los pobres y por ellos, avanzara hasta lograr un equilibrio con la derecha, pero sucedió todo lo contrario. Se desplomó el Campo Socialista debido al peso de sus propios errores y equivocado diseño y solo queda Cuba como faro aún pendiente, ¿pero a qué costo para su pueblo?

Llegado este milenio y el desarrollo circunstancial, parcial, pero oportuno para América Latina, se generó el Socialismo del Siglo 21 sobre los mismos errores conocidos y los mismos proyectos y veteranas intenciones retocadas. Sus líderes: nuevos caudillos con algo de dinero público y viejas ilusiones populares.

La nación cubana está en un estado de triste depauperación. En más de medio siglo no ha podido echar a andar su economía, más bien la ha destrozado, y ha gastado la mayor fortuna de la historia que nos fue regalada (con condiciones, claro está) sin provecho para sus nacionales.

A pesar de todos los reclamos y del conteo y exposición de todas las buenas intenciones que se pudieran esgrimir, el resultado está a la vista, bien claro: El sistema Socialista no funciona en ninguna nación. Es esperar peras del olmo. El ser humano no está preparado intelectualmente para este proceso, donde existimos entregando lo mejor de nosotros para recibir lo mejor de los demás. Quedan muchos resquemores, celos, ambiciones y anhelos personales casi siempre no expresados, muchas dudas y sospechas. No funciona, aunque pudo ser bonito. Hasta hoy lo que hemos logrado repartir al colectivo es miseria y tenemos que defendernos con las uñas y boca arriba, como los gatos. Y aun así no ganamos.

El camino es desarrollar al ser humano, pero eso tomará milenios y el mismo resultado que esperamos va a llegar de cualquier forma, gracias al lógico desarrollo de la raza humana. No hay que apresurar experimentos catalizadores que tanto nos cuestan.

Estos intelectuales y profesionales de la política deben estar muy tristes y decepcionados al haber intentado tanto y ahora presenciar su error, que nos equivocamos una vez más y ya se nos acabó la vida.
Nuestra generación es pasado, pero no historia.

Fotograma:  C2QSQ2 -Roberto Fdez Retamar. La Página de Amaury Pérez
eduardom57@nauta.cu; Eduardo Maro

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