Sociedad

Por qué construyeron el Cristo de La Habana

Plaza, La Habana, Jorge Luis González, (PD) La hoja dominical Vida Cristina del 24 de diciembre de 2017 (nº 2770, año 55), que se reparte de forma gratuita en las iglesias católicas, hace referencia a un hecho histórico ocurrido el 25 de diciembre de 1958: la construcción del Cristo de La Habana.

Un artículo con el título “El Cristo de La Habana”, firmado por los arquitectos Mario y Eduardo Ardeni, nos aporta algunos datos interesantes sobre esta colosal efigie, que fue declarada el 4 de noviembre de este año, Monumento Nacional.

Estos especialistas comienzan por explicar el origen de tan significativa edificación. Señalan que fue una iniciativa, de quien fuera la primera dama de la república, Marta Fernández Miranda de Batista, a finales de la década de los 50 del siglo anterior.

Explican que durante el ataque al Palacio Presidencial, el 13 de marzo de 1957, Marta Fernández hizo la promesa de que si su esposo salía con vida del atentado perpetrado por un comando del Directorio Revolucionario, erigiría una imagen de Cristo que se divisara desde cualquier rincón de la capital.

Añaden que hubo una convocatoria para concursar en este proyecto y se estableció un patronato con la finalidad de recaudar los fondos necesarios que permitieran costear su ejecución. La artista premiada para realizar la obra fue la reconocida escultora cubana Jilma Madera.

La artífice quiso darle un carácter de humanidad a la emblemática figura. Proyectó serenidad en su expresión, para brindarle aliento a quien tuviera incertidumbre en su vida.

La imagen representa a un hombre que se halla más cercano a la tierra que al cielo.

El Cristo, que se encuentra emplazado en Casablanca y posee una altura de 20 metros, recibió la bendición del Papa Pío XII, antes de salir por piezas desde Italia hacia Cuba.

La revista católica Palabra Nueva, en su último número (noviembre-diciembre de 2017), cuenta también con un breve comentario referido al título patrimonial otorgado a dicha escultura. Se aclara que: “…representa a Jesús de Nazaret en pie, con una mano en alto, en gesto de bendecir y otra sobre el pecho.”

Ambos trabajos complementan otros datos más conocidos y refiere los materiales y el tiempo empleado en erigirla.

Llaman la atención algunas referencias aportadas en estos escritos. El más interesante es como la esposa del presidente Batista, legó sin proponérselo, uno de los símbolos más singulares de nuestra capital y posiblemente de América Latina, únicamente comparable al famoso Cristo del Corcovado, en Brasil.

Es interesante también que este lugar que estuviera vedado al público, una semana después de su inauguración, que al ser militarizada la zona, luego del triunfo de la revolución, no fuera eliminado, como hicieron los talibanes en Afganistán con varias esculturas que eran patrimonio de la humanidad.

Esta figura además de ser contraria a los principios comunistas, fue erigida en honor a la vida del dictador Batista.

Un elemento controversial es que este Cristo tiene una de sus manos en posición de bendecir. Yo me pregunto: ¿a quién bendecía? ¿A Batista, al pueblo, o a los revolucionarios? Esta incógnita es bastante difícil de responder.

En el lugar no hay información alguna sobre estas inquietudes que aquí señalo. Recientemente, después de su última restauración, se añadieron algunas pancartas con fotografías que explican algo sobre su historia, pero ninguna expone el origen de su realización.

Nuestra historia está llena de lagunas. Enterarnos de estas curiosidades es también una forma de complementar los conocimientos sobre Cuba. Sirven para trasmitirlos a las futuras generaciones. Esperemos que existan intelectuales honestos que emprendan dicha labor.
jorgelibrero2012@gmail.com ; Jorge Luis González

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