Economía

¿Por qué el retiro del Acuerdo de París?

Miami, USA, Fernando Domínguez, (PD) Donald J. Trump dijo que él era el Presidente de los Estados Unidos y no del mundo, por lo cual se retiraba del Acuerdo de París para que cada nación dependa de sí misma y no de la caridad yanqui para mejorar las condiciones ambientales.

El Acuerdo, que firmó Obama sin aprobación del Senado, exige a los Estados Unidos que “voluntariamente” done hasta 410 000 millones de dólares al Fondo Verde, destinado (sin decir específicamente cómo) a evitar la contaminación en naciones corruptas del Tercer Mundo. Adicionalmente le impone a Washington, también “voluntariamente”, que restrinja la producción de bienes y servicios considerados contaminantes en el área de la acería, el carbón y otros energéticos, a niveles hasta del 80%, mientras gigantes como China e India quedan exentos de hacerlo.

El global warming o recalentamiento global, ahora llamado cambio climático, falto de pruebas científicas, se ha convertido en la religión de los “verdes”.

“An Inconvenient Truth”, el libro de Al Gore que le valió el Nobel de la Paz y que convertido en película se difunde profusamente en videos, es la nueva Biblia de los globalistas. El Dios que adoran es el planeta tierra que los indígenas andinos llaman Pachak Mama o Pachamama. Quizás los verdes deberían unirse a sus ritos, en los cuales se sacrifican camélidos en demanda de fertilidad para las futuras cosechas.

Críticos dicen que la ruptura de Trump significa “una estocada de muerte a la Tierra”, o sea, a Pachamama. Bien saben que esa es otra mentira de la izquierda colectivista y orwelliana. Como lo advirtió el propio Trump, a los globalistas les importa una higa el cuidado del medio ambiente. Lo demuestran sus promotores cada vez que se movilizan a las reuniones en lujosos jets y yates de alta contaminación desde sus residencias, donde todo tienen menos “green energy”.

Lo que está en juego es el control del poder mediante la manipulación de la utopía de la redistribución de la riqueza y la igualación de resultados.

Si se analiza con hechos, se observa que el más alto desarrollo tecnológico en la lucha contra la contaminación ambiental lo tiene y aplica los Estados Unidos, al tiempo que lo pone a disposición del mundo.

Cuando George W. Bush se negó a firmar el Protocolo de Kyoto de 1992 por parecidas razones que Trump, la emisión de CO2 bajó en los Estados Unidos por debajo de las metas allí trazadas y por iniciativa privada.

El Acuerdo de París implicaría limitaciones a la evolución del mercado y a la innovación en todos los campos, sobre todo al energético.

Trump no se opone al desarrollo de nuevas fuentes como las solares o las eólicas, pero exige que compitan y sobrevivan sin subsidio estatal.

Gracias al sistema, la gasolina en los Estados Unidos no es un artículo de lujo como en Europa, y la libre explotación de los recursos significará el ocaso definitivo de carteles como la OPEP.

El encarecimiento de la energía frustrará los esfuerzos que se realicen por propia iniciativa o con ayuda externa para que los países pobres alcancen un desarrollo más acelerado. A mayor pobreza, mayor contaminación.

La miseria no será superada con energía eólica ni solar, ni ninguna de éstas hará factible la telefonía, el tratamiento de aguas, la salubridad en general. En su reciente visita a Bruselas, Trump instó a los socios morosos de la OTAN a ponerse al día en sus pagos.

Cuando terminó la II Guerra Mundial, Estados Unidos se convirtió en el mayor financista del organismo y por el temor a un resurgimiento del militarismo, instaló tropas en Alemania y Japón, lo que ahorró ese gasto a los derrotados. Esa es una de las motivaciones del “estado de bienestar” que ha debilitado a las economías de Europa, situación que tiene que revisarse para aliviar al contribuyente norteamericano. Es lo que está haciendo Trump. Y lo que significa también su retiro del Acuerdo de París, con el cual los obamistas pretendían que Estados Unidos continúe siendo nodriza de la Pachamama.

Por ahí se habla de que China cubrirá el “vacío” dejado por los Estados Unidos en la cruzada (que el Papa Francisco apoya) para defender a la Pachamama. Mas el Acuerdo exime a China de todo compromiso hasta el año 2030, presumiéndose que toda la producción de carbón prohibida a Estados Unidos la desarrollarían los chinos.

Nadie va a suplantar a los Estados Unidos en el liderazgo tecnológico, sea relativo a la contaminación o a cualquier otra área. Fueron pioneros en el mundo en la descontaminación de los tres ríos de Pittsburgh, ahora lo son en sanear los híper-contaminados muelles de ciertos parajes del puerto de New York.

El Obamacare, camino a desaparecer, fue el mayor asalto a la economía de mercado. Buscaba el control del 16% del PIB. Con el intervencionismo del Acuerdo de París, violatorio de la Constitución, un área mucho mayor de la economía habría sucumbido al “colectivismo”, esta vez global. “No mientras yo sea Presidente”, dijo Trump, para consuelo de muchos.

 

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