Internacional

Primero contra Somoza, ahora contra Ortega

El Vedado, La Habana, Aleaga Pesant, (PD) Si en algo se parecen los gobiernos de la familia Somoza (1937-79) al del sandinismo (1979-90 y 2007 – ) es que levantan a los mismos enemigos.

No sorprende, hubo socialdemócratas alemanes que pasaron de las cárceles del nazismo a las de la Stasi, o revolucionarios cubanos que pasaron de las de Batista a las de Castro. Los ejemplos sobran.

Ernesto Cardenal, uno de los pioneros de la Teología de la Liberación, se volvió incomodo también para la dictadura cubana, a diferencia del adocenado Frei Betto.

Cardenal, un hombre de más de 90 años, es el enemigo público número 1 del sandinismo de Daniel Ortega y de su esposa, Rosario Murillo, que es la que realmente manda en Nicaragua. Para confirmarlo, pregúntenle al embajador cubano que hace un par de años fue expulsado de Managua, por atravesársele a la primera dama.

La justicia sandinista reanudó una demanda contra el sacerdote y poeta Ernesto Cardenal. La demanda es de casi un millón de dólares. Cardenal la califica como “persecución política”, y la atribuye a la resistencia que organiza contra la construcción del canal transoceánico a través de Nicaragua.

La disputa está relacionada con terrenos localizados en la isla Solentiname, donde el poeta y activista fundó una comunidad de pescadores, artesanos y artistas naif, y donde creó su conocida obra El evangelio de Solentiname.

Uno de los representantes más destacados de la Teología de la Liberación, comprometido en la lucha contra las injusticias en Latinoamérica, Cardenal luchó contra los Somoza, esa dinastía platanera que gobernó Nicaragua y ahora planta cara contra el sandinismo de Ortega, y sus desmanes los denuncia donde quiera que presenta su poesía.

Cardenal se opone al proyecto del Canal Interoceánico que el tándem Ortega-Murillo planea construir en Nicaragua con el empresario chino Wang Jing, y el apoyo diplomático del gobierno cubano, que lo ve enlazado al soñado mega puerto de Mariel.

El poeta cataloga esa enorme obra de ingeniería como una monstruosidad y escribió varios alegatos en su contra.

Nacido en Granada, Nicaragua el 20 de enero de1925, Cardenal es heredero de una sólida tradición poética. Estudió literatura en Managua y México, además de otros estudios en Estados Unidos y Europa. En 1965 fue ordenado sacerdote y en 1979, nombrado Ministro de Cultura de la dictadura sandinista, lo que le valió fuerte reprimenda del Papa Juan Pablo II, en la misma pista del aeropuerto Internacional Augusto C. Sandino. Cesó de ministro en 1987, al cerrar la institución y en 1994 rechazó al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), el partido de Daniel Ortega y se unió a otros disidentes en el Movimiento Renovación Sandinista.

El litigio relanzado a principios de año por los tribunales sandinistas, comenzó a finales de los 80, cuando Cardenal recibió de una ONG alemana los fondos para construir en Solentiname una escuela para formar líderes campesinos, que posteriormente fue convertida en hotel, que decidió nombrar en una segunda gerencia a Nubia Arcia Mayorga como administradora de la instalación. En el año 2002, Mayorga reclamó el edificio como herencia y demandó al poeta, para que el inmueble pase a su nombre. En la demanda se acusa a Cardenal de daños y perjuicios.

Como “pecata minuta”, Arcia Mayorga está representada por José Rojas Méndez, quien defendió a Daniel Ortega, cuando el dictador fue acusado por la violación de su hijastra Zoilamerica Narváez, la hija de Rosario Murillo.

Todas las fuentes mantienen que Cardenal mantiene un profundo amor cristiano, expresado a través de versos que demuestran su compromiso con la fe pero también la crítica contra las injusticias, la opresión y el sufrimiento de los desposeídos.

Incómodo para la izquierda nicaragüense y cubana, Cardenal ha dicho al diario español El país: “Mi poesía tiene un compromiso social y político, mejor dicho revolucionario. He sido poeta, sacerdote y revolucionario”.

Y mientras persiguen a Cardenal…

Daniel Ortega trata de legitimarse internacionalmente bajo el abrigo de la Organización de Estados Americanos, luego de ser uno de los más duros críticos de la organización nacida en 1948, junto a los dictadores Fidel y Raúl Castro Ruz, además de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Ortega acusó a la OEA y a su Secretario General, Luis Almagro, el pasado junio de “conducta injerencista”. El embajador nicaraguense en Washington dijo: “Nicaragua espera, lavar las manchas y vergüenzas de la OEA, que el secretario general señor Almagro ponga de inmediato su renuncia irrevocable ante el plenario”.

Sin embargo ahora, con un golpe de timón, el dictador sandinista se convirtió en defensor de la organización y su líder y le pidió iniciar un dialogo que legitime su mandato (el tercero consecutivo y que debe concluir en el año 2021), producto de un proceso electoral duramente cuestionado por las fuerzas políticas internas.

El giro comenzó en agosto pasado, cuando el uruguayo Almagro anunció que preparaba un informe sobre la situación política en Nicaragua, para presentar a los países miembros.

El 30 de julio del pasado año Ortega dio un golpe de estado contra el parlamento, al despojar a la oposición de sus escaños parlamentarios, imponiendo la dictadura de partido único. Luego, con una orden judicial, excluyó a la oposición de participar en las elecciones de noviembre, en las que se enraizó en el poder junto con Rosario Murillo como vicepresidente, juntando el 70 % de los votos.

Cuando Almagro amenazó con el informé, Ortega movió sus piezas a orillas del Potomac para buscar un acercamiento y establecer una “mesa de diálogo”, no para solucionar la crisis al estilo de la Venezuela de Maduro.

La visita a Managua de Almagro se realizó en medio a la represión a las fuertes protestas contra el canal interoceánico, el movimiento feminista, el campesino y el Frente Amplio por la Democracia, compuesto por los expulsados del proceso electoral de noviembre.

Almagro, que viene de la experiencia del encontronazo con Venezuela el año pasado, que casi le cuesta el cargo, hizo como los tres monos sabios, ni vio, ni oyó, ni habló.

Así, el pasado 20 de enero después de sesenta días de negociaciones secretas, se publicó un informe conjunto, en que el gobierno de Ortega “se compromete” a fortalecer la institucionalidad en Nicaragua, con la firma el próximo 28 de febrero de un memorándum de entendimiento, que definirá los aspectos técnicos del trabajo conjunto.

Sin dudas, un borrón y cuenta nueva a las arbitrariedades de Ortega desde el año 2007.

Veremos hasta donde Ortega está dispuesto en cuanto a las reformas que permitan el rescate del sistema electoral, la persecución a Ernesto Cardenal, y la represión a los que se oponen al canal interoceánico, y hasta donde la OEA, podrá abrir el juego en momentos en que el tándem Ortega-Murillo se parecen tanto al de Nicolaeu y Helena Ceausescu.
aleagapesant@nauta.cu; Aleaga Pesant

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