Sociedad

Se roban los alimentos de los niños ingresados en el Hospital William Soler

El Cerro, La Habana, Emaro, (PD) Hace unos días, en una piquera cerca del Hospital Nacional, un señor vestido con jeans y tenis caros y que llevaba un buen reloj, buscaba a un chofer, pero como no estaba, me propuso lo llevara a buscar unas bolsas de queso crema al almacén del SIME, debajo del puente de 100 y Boyeros, a dos kilómetros de distancia.

Pagaba sesenta pesos. Me pareció poco, pero consideré que el señor, que me dijo era uno de los administradores, iba a buscar alimentos para los pacientes de su hospital, el Hospital Infantil “William Soler”, y acepté ayudarlo: conozco la carencia de transporte de estos centros y la pésima dieta que ofertan a los ingresados.

Nos trasladamos al almacén y allí demoramos algo en recoger y cargar trece bolsas del producto, con diez kilos de peso cada una. Casi al marcharnos, el administrador tuvo que abrir una de las bolsas y regalar la mitad del contenido a unas graciosas mulatas que despachaban la mercancía e insistían zalameramente al señor responsable que iba conmigo. Yo me preguntaba cómo este señor podría justificar este faltante al entrar al almacén.

Retornamos. Ingresé sin dificultades un auto privado a las áreas de servicios restringidas de un hospital infantil. Allí comenzamos a descargar las bolsas mientras el administrador regaba la voz, para todos los empleados que pasaban al azar, de que se estaba vendiendo en el almacén queso crema a veinte pesos la libra.

Me pagó ochenta pesos, y me marché del lugar preguntándome cómo era posible que este señor dispusiera de esta mercancía a su antojo, libremente y sin dificultades, anunciando su venta públicamente, sin importarle para nada la presencia de extraños, quienes bien podrían ser policías encubiertos.

Me entristeció pensar en mi ingenuidad al sentirme altruista mientras ayudaba realmente a un ladrón.

Me entristeció que los niños ingresados en el hospital, no van a disfrutar de tan preciado alimento, subproducto de la leche fresca, tan escasa y cara en Cuba. Me entristeció que nadie dijera nada y que todo funcionara sin incidentes. Estamos tan deformados que el robo nos parece normal y nadie se inmuta. Incluso, no nos inquieta dejar a los pequeños sin algo que les estaba destinado por el Estado, quien nunca se informa o fiscaliza si este tipo de suministros, o cualquier otro, llega realmente a sus destinatarios y en la cantidad y calidad adecuada.

Me entristece que incluso si yo buscara, hallara y me escucharan las autoridades correspondientes y adecuadas, y estas actuaran en correspondencia, apresando, procesando y castigando a los ladrones, al otro día sus sustitutos estarían realizado las mismas atrocidades o peores. O muy bien puede que este señor administrador, puesto sobre aviso quién sabe por quién, vaya a buscarme, indignado y violento, porque lo chivateé a la policía.

Me entristece la deformación de los trabajadores cubanos, quienes se han acostumbrado a robar para sobrevivir y a no verlo o ignorarlo voluntariamente. Me molesta la impunidad sostenida, las auditorías y fiscalizaciones oficiales que no arrojan ningún resultado. Me molesta que cocineros, jefes de cocina y otros empleados salgan de los hospitales cargando pesadas mochilas y los custodios no se inmuten ni revisen el contenido. Me molesta que se roben los herrajes de los baños al otro día de haber sido instalados, cuando hay cámaras de CCTV en casi todos los pasillos. Me molesta que algunos de los cocineros vendan a granel la leche que deberían tomar los pacientes, o las viandas, o cualquier cosa que se pueda vender y nadie diga o haga nada.

Me molesta mucho, mucho, que cuando este comentario salga publicado, algunos prepotentes y arrogantes lo califiquen de “contrarrevolución”, mientras ingieren una tostada con queso crema y una taza de café con leche, probablemente sustraída de ese mismo hospital infantil.
eduardom57@nauta.cu

 

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