Periodismo

Sobre retrolución y sus páginas

Lawton, La Habana, Juan González, (PD) Luego de leer Las Páginas de la Revolución, de la autoría de Javier Gómez, en la página alternativa semi-oficial o revolucionaria https://jovencuba.com/2017/02/02/las-paginas-de-la-revolucion/ se hace necesario hacer algunas precisiones.

Nos dice Javier Gómez que el oficio más peligroso, el periodismo, derivó en la actualidad en lo que describió de esta peculiar forma: “… ‘periodista’ se ha convertido en el disfraz de moda adoptado por la contrarrevolución en el momento político actual”.

Luego de este barbarismo tan afín con los propósitos y fines del heredero en jefe, el llamado general presidente, el tono mejoró cuando afirmó, quizás por mera conveniencia personal, que, “…una larga tradición de más de un siglo de letras cubanas nos recuerda que el periodismo, más que todo, se ejerce”.

Sucede que los clásicos mundiales del periodismo no fueron graduados de escuela de periodismo alguno. Ni Hemingway, ni García Márquez ni otros emblemáticos del periodismo del siglo XX estudiaron en escuela de periodismo alguna. Aprendieron en las redacciones y correteando la noticia en los escenarios originales de ocurrencia.

Gómez por su parte incurre en una corrupción semántica. En Cuba desde hace mucho no existe revolución alguna. Se trata de una dictadura militar totalitaria, dinástica en el peor estilo norcoreano.

Se trata de que para tener acceso a lo elemental se impone servir a la dictadura. Se trata de que quien no lo hace, se ve condenado a ostracismo, desempleo y ninguneo, en el mejor de los casos o a prisión y muerte en los peores.

Gómez nos dice y ciertamente tiene razón que: “Hacer periodismo hoy en Cuba es hacer política, es asumir una posición política”. Solo que tal posición cuando no resulta afín con los interesas de la dictadura, es señalada como “contrarrevolucionaria” y el costo de tal etiqueta resulta muy alto Cuba adentro.

En otra parte de su trabajo, Gómez afirma que existe censura justificada y justifica la existencia de esta como premisa de respaldo al régimen militar dictatorial existente, nos dice sobre los críticos de la represión, “…los que se suman al lagrimeo y vestiduras rasgadas por los convenientemente censurados, el que ayuda a esconder la mano hoy a los que lanzarán de nuevo la piedra mañana”.

Lanzar la piedra es ejercer el derecho a la libertad de expresión, opinión e información y esto es malo para toda dictadura, aunque se disfrace como revolución o como quiera ser llamada.

En la conclusión, Gómez, dice: “…más allá de la página de fulano o la página de mengano, dónde hay que escribir es en la página de la Revolución”. Esto es una declaración paladina de sometimiento y abjuración. Mero y simple entreguismo vil, abyección cobarde, pero estos son los elementos necesarios para sostener un régimen militar totalitario y dinástico de tan baja estofa como lo es el régimen castrista.

Gómez nos dice: “No existe la cuestión periodismo oficial vs periodismo independiente. Esa es la flauta con que pretenden encantarnos. Lo que existe es la cuestión periodistas revolucionarios vs periodistas contrarrevolucionarios”.

Sobre esto es bueno aclarar que la prensa es prensa y nada más. Si se trata de que la prensa es revolucionaria, no es prensa y si es contrarrevolucionaria, tampoco lo es. Sucede igual que con la falacia, ‘Policía Nacional Revolucionaria’, la policía en el mundo entero protege y sirve a la ciudadanía sin exclusiones de revolucionarios y no revolucionarios, si la policía es nacional, no es revolucionaria y si es revolucionaria, no es nacional. Con la prensa libre, sucede exactamente lo mismo.
j.gonzalez.febles@gmail.com; Juan González

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