Internacional

Trump y Corea del Norte

Arroyo Naranjo, La Habana, Luis Cino (PD) En la práctica, la guerra que se inició en 1950 entre Corea del Sur y Estados Unidos de un lado y Corea del Norte del otro, no ha terminado. Solo hay un armisticio, que se firmó en Panmunjon en 1953 y dividió, con el paralelo 38 mediante, la península coreana en dos países. Ahora, de reiniciarse la guerra, lo más probable es que sea con armas atómicas. Y armas muchísimo más potentes que las que Truman le impidió usar a McArthur.

Sería una guerra nuclear donde los muertos -coreanos del norte y del sur, norteamericanos, japoneses- serían cientos de miles. Los muertos de Hiroshima y Nagasaki multiplicados por varias veces.

Kim Jong Un, el dictador norcoreano, que ha realizado varias pruebas nucleares y sigue con sus ensayos de misiles de largo alcance y capaces de portar ojivas atómicas, dice estar dispuesto a ajustar cuentas con los Estados Unidos, y que para ello, sus misiles nucleares apuntan a objetivos en el sur de la península, el Pacífico y el propio territorio norteamericano.

Hay quienes dicen que son solo bravatas chantajistas de la dictadura norcoreana, que los misiles norcoreanos no tienen suficiente alcance para llegar a territorio norteamericano, y que del lado de la democracia hay el escudo antimisiles, los Patriots, las megabombas, los Stealth, etc, etc. Pero es para preocuparse. Tratándose de una dictadura como la norcoreana y de un sanguinario megalómano y enloquecido como Kim Jong Un, el nietecito de Kim Il Sung e hijito de su papá, el no menos ridículo y megalómano Kim Song Il, todo puede esperarse.

El gobierno norteamericano se ha tomado en serio las amenazas de Corea del Norte. Hace unos días, el vicepresidente Mike Pence advirtió a los norcoreanos que no deben poner a prueba la paciencia del presidente Donald Trump.

La solución del problema coreano no se puede posponer. Pero no parece que Donald Trump sea el tipo de presidente indicado para solucionar un problema de esa envergadura.

A pesar de las muchas diferencias, por su gravedad, muchos insisten en comparar la actual situación en la península coreana con la crisis de los misiles de octubre de 1962.

Trump no es Kennedy. Por suerte, dirán los duros de la derecha que no perdonan los fiascos de JFK. Pero tampoco es Ronald Reagan.

¿Será Trump, con sus improvisaciones, capaz de lidiar con un escenario internacional tan complejo como el que le ha tocado? ¿Podrá, por solo citar los asuntos más graves, parar a los rusos en Ucrania y Siria, combatir al Daesh, contener a los ayatollahs iraníes, controlar los apetitos imperiales de los mandarines de Beijing sobre las islas y los islotes artificiales del Mar de China Meridional y al mismo tiempo vérselas con la sicópata dictadura norcoreana?
Parece demasiado, sobre todo para alguien con las características de Trump. Solo queda esperar que tenga buenos asesores.
luicino2012@gmail.com; Luis Cino

Un comentario

  1. Trump no tiene capacidad ni integridad para ser presidente de EEUU. Además se relaciona con asesores que no convienen al interés nacional. Ojalá, además, algunos lo influyan de forma positiva o que atenúen a los anteriores.

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