Internacional

Un cambio en los vientos que beneficia a Trump

Miami, USA, Alfredo M. Cepero, (PD) El precio de la victoria es la vigilancia permanente y Trump ha demostrado estar dispuesto a pagarlo.

Desde el mismo instante en que Donald Trump fue declarado ganador de las últimas elecciones presidenciales los fanáticos de la izquierda en la política y en la prensa decidieron declararle la guerra. Una guerra de tierra calcinada que ha ido más allá de una discrepancia con sus ideas políticas para entrar en el estercolero del vituperio personal y hasta de su despersonalización como ser humano.

Al candidato que hizo campaña con el lema de “Hacer a América Great Again” y que obtuvo el apoyo de los americanos más nacionalistas se le llegó a acusar de traición a su patria en contubernio con el aspirante a Zar de un nuevo Imperio Soviético. La materialización de la cinta cinematográfica The Manchurian Candidate, que llenó las salas de cine de los Estados Unidos en 1962. La historia de un hombre formado en el seno de una familia conservadora que se convirtió en un asesino involuntario en el contexto de una conspiración comunista internacional. Un recurso descabellado y desesperado de una izquierda ciega por el fanatismo que es incapaz de aceptar el rechazo del pueblo norteamericano.

Una simple estadística y unos breves ejemplos para respaldar lo que he dicho. El representante republicano por el Estado de Texas, Lamar Smith, fundador del Concilio de Prensa Equitativa en la Cámara Baja, ha dado a la publicidad un estudio donde destaca la interrelación entre los prejuicios de la prensa y las donaciones a la campaña de Hillary Clinton. En el período estudiado, el 91 por ciento de los informes de los grandes medios de prensa fueron negativos a Trump. Al mismo tiempo, el 96 por ciento de los periodistas en esos medios negativos a Trump contribuyeron a la campaña de la candidata demócrata.

Los más importantes entre estos medios fueron The New York Times, The Washington Post, Los Ángeles Times, CNN, ABC, NBC, MSNBC y CBS.
Pero, entre todos ellos, CNN se ha llevado el premio y quedado al descubierto. Tres de sus periodistas se vieron obligados a renunciar después de haber publicado falsas noticias sobre la supuesta investigación por el Congreso de Anthony Scaramucci, un alto funcionario de la campaña de Trump. La información fue sacada de la publicación después de una investigación internacional que puso al descubierto su falsedad.

Sin embargo, la operación combinada de la izquierda y de su prensa aliada ha producido una situación que podría crear problemas al presidente. El nombramiento de Robert Mueller como Abogado Especial con el objetivo ostensible de investigar el alegado contubernio de miembros de la campaña de Trump con los rusos tiene que ser confrontado con firmeza y denunciado por su parcialidad. Admitiendo un error en que incurrí hace unos días, digo ahora que creo que Mueller no será imparcial, como demanda su cargo.

Me explico. Los abogados del bufete de WilmerHale, en el cual ejercía Mueller hasta ser nombrado Abogado Especial, donaron $326,798 a la campaña de Clinton, mientras donaron unos miserables $ 628 a la campaña de Trump. Todos los abogados nombrados hasta el momento en que escribo estas líneas por Mueller para formar parte de esta investigación tienen estrechos lazos con el Partido Demócrata. Ninguno con el Partido Republicano. Y, para ponerle la tapa el pomo, Robert Mueller y James Comey han sido íntimos amigos desde sus tiempos como funcionarios del FBI. ¿A quién va a creer Mueller a la hora de emitir un fallo a su amigo James Comey o a Donald Trump el hombre que despidió a su amigo y que además es su antípoda ideológico?

Pero, como en política los vientos cambian de dirección con rapidez súbita, los vientos han cambiado en los últimos días y soplan desde la popa para la nave asediada de Donald Trump. Primero se ha producido la revelación de que, en agosto del 2016, Barack Obama recibió un informe de la Agencia Central de Inteligencia en que le advertían que Vladimir Putin estaba dirigiendo personalmente una campaña cibernética encaminada a interferir con las elecciones presidenciales. Obama se limitó a decirle a Putin durante un encuentro personal que dejara de hacer esa trastada pero no tomó ningún otro tipo de represalia. Me imagino la sonrisa sarcástica y la mirada de intimidación de Putin al apaciguador en jefe. Obama se metió el rabo entre las piernas y mantuvo silencio hasta después de las elecciones en que su candidata resultó derrotada.

Segundo, gracias a la vanidad y la arrogancia de James Comey durante su declaración ante el Congreso, se ha sabido que la Fiscal General Loretta Lynch instruyó el entonces Director del FBI que dejara de llamar “investigación” y llamara “el asunto” a la investigación sobre los correos electrónicos de Hillary Clinton. Según el analista judicial de Fox News, Andrew Napolitano, esta es una felonía de obstrucción de la justicia por la cual la Lynch podría ir a parar a la cárcel. Para mayor pestilencia en el pantano de Obama, una semana antes de que Hillary declarara ante el FBI, la Lynch sostuvo una entrevista privada de más de media hora en el aeropuerto de Phoenix con el esposo de la investigada, el maestro manipulador Bill Clinton.

Tercero, Susan Rice, la mano derecha de Obama para mentiras y trampas como el incidente de Benghazi, está siendo investigada por haber revelado los nombres de ciudadanos norteamericanos en el curso de una supuesta investigación sobre seguridad nacional. Esos ciudadanos eran miembros de la campaña de Trump como el Teniente General Michael Flynn. El General fue grabado en el curso de una conversación telefónica con Sergey Kislyak, embajador ruso en Washington. La ley estipula que en esos casos no sea revelada la identidad del ciudadano norteamericano. Existen indicios de que la Rice no sólo reveló la identidad de Flynn sino filtró la información a la prensa, un delito penado con severidad.

Y en cuarto lugar lo más importante. El Tribunal Supremo de EEUU admitió este lunes a trámite el caso del veto migratorio del presidente, Donald Trump, proclamado en marzo para prohibir la entrada al país de refugiados y nacionales de seis naciones de mayoría musulmana. De esa forma, el Tribunal Supremo acepta estudiar durante su próximo término judicial (de octubre de 2017 a junio de 2018) la legalidad del veto migratorio del Gobierno, bloqueado por dos tribunales que consideraron que Trump abusó de su poder y que esta medida discrimina a los musulmanes como minoría religiosa. Además, el ente judicial ha levantado parte de las medidas cautelares que pesaban sobre la orden presidencial.

Después de todas estas revelaciones embarazosas para la anterior administración, tanto Robert Mueller como los demócratas en el Congreso han perdido argumentos para acusar a Trump de contubernio con Putin. Si toman el camino de la obstrucción de justicia tendrán también investigar a la señora Lynch. Y el candente tema del veto migratorio de Trump se les ha escapado de las manos con la decisión del Tribunal Supremo de considerarlo a plenitud en su próximo período de sesiones. Definitivamente éxitos, aunque temporales, para el presidente y su administración pero no suficientes para bajar la guardia. El precio de la victoria es la vigilancia permanente y Trump ha demostrado estar dispuesto a pagarlo.
alfredocepero@bellsouth.net; Alfredo M. Cepero
Tomado de: //www.lanuevanacion.com

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