Editoriales, Opinión

Un culto a la personalidad renovado, Goebeliano y post moderno, editorial 463

La Habana, Cuba, Redacción Habana, (PD) La impronta escogida para dar continuidad al culto a la personalidad del difunto ex dictador Fidel Castro tiene especificidades. No quiere estatuas que podrían ser derribadas en el momento de la caída del régimen. Sus restos se colocan a salvo de profanaciones.

Ciertamente, no se sabe con certeza cómo murió Fidel Castro y mucho menos, donde están sus restos.

No cesa el culto a la personalidad del desaparecido Comandante. El saturador bombardeo con su imagen y la letanía de sus hechos y sus palabras en la prensa, la radio y la TV, que se inició meses antes de su muerte, cuando se aproximaba su 90 cumpleaños, aún continúa.

Se logra envenenar a muchos desde las pantallas televisivas y las ondas radiales desde escollos virtuales erigidos en el imaginario colectivo. Todo mediante el uso adecuado de persuasores ocultos en medio de una saturación goebeliana mediática absoluta. Puede decirse que después de morir ha sido capaz de molestar aún más que cuando estaba en vida.

De acuerdo con la impronta marcada por el difunto Fidel Castro, el régimen militar totalitario y dinástico que fundó, está aún más dispuesto a reprimir, encarcelar, golpear, e incluso matar.

Es sabido que este régimen se siente muy libre para llenar todas estas tenebrosas expectativas con el pacto conseguido con los países de la Unión Europea, que derogó la Posición Común hacia esta dictadura.

Mantener el influjo de tan nefasta feromona política afirma al régimen militar totalitario castrista a acentuar el culto a la personalidad e impronta del difunto dictador. Ya llegaron más allá del ridículo con las consignas: “Yo soy Fidel”, “Todos somos Fidel”, “Raúl es Fidel” y otras dirigidas a sofocar el creciente rechazo a la dictadura castrista dentro de Cuba.

El difunto dictador Fidel Castro se colocó a si mismo en la picota de la opinión pública por negarse a aceptar ningún tipo de cambio ni nada que huela a democracia.

Fidel Castro fue visto en público algunas veces en 2012 y 2013. Luego se le vio en enero de 2014 en la apertura de un centro cultural. Después de esa fecha, apareció en fotos de dignatarios que visitaron su hogar en La Habana. Su última aparición fue el 13 de agosto del año pasado, en su cumpleaños 90.

En los últimos años, Castro apareció en público ocasionalmente. Se le vio en fotos y videos en los que usualmente aparecía junto a invitados. Escribió cientos de columnas para los medios oficiales. Desde esta plataforma se ha procedido a una proyección post moderna y goebeliana de un neo culto a la personalidad que toma como plataformas al espacio televisivo, radial e incluso muros y paredes de la ciudad grafitados en tal sentido.

Dentro de un férreo sistema de control totalitario absoluto, los opositores intentaron múltiples formas de protesta y resistencia para hacer visibles sus demandas. Estas arrancaron en protestas de presos “plantados” que en su momento se negaron a vestir uniformes carcelarios, huelgas de hambre y sed y últimamente las caminatas pacíficas de las Damas de Blanco y opositores vinculados a la campaña #TodosMarchamos.

El abominable culto a la personalidad del difunto dictador Fidel Castro parece ser la última de las últimas ofertas políticas que el régimen militar totalitario castrista expone ante el pueblo de Cuba. Se trata de un intento más por dar permanencia y continuidad a la más antigua dictadura e incluso la más cruel del continente.

Como las cuentas en los paraísos fiscales no alcanzan para todos, se trata de reforzar los mecanismos clientelares de algunos servidores armados de este régimen a partir de sobornos y otras corruptelas.
primaveradigital2011@gmail.com; Redacción Habana

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