Editoriales, Opinión

Un escenario real, abominable y previsible, editorial 474

La Habana, Cuba, Redacción, (PD) Ante la enorme conjura de indiferencia internacional, poco puede hacer, financiada o no, la oposición pacífica interna cubana. Frente a ella, se alza la brutal maquinaria del capitalismo de estado de corte fascista-corporativo castrista. Esta maquinaria, la margina o tolera en la justa medida de su conveniencia.

Hoy por hoy, el gobierno pide más y ofrece menos. El pueblo calla, como de costumbre, aunque algo en su interior ha cambiado y se mueve. Veremos cómo termina todo.

Mientras, gracias a sus aliados foráneos, de izquierda o de derecha, políticos como el Sr. Barak Obama y la Sra. Mogherini, empresarios tipo Odebrecht, etc., el sistema castrista podrá hacer con los cubanos lo que le venga en gana, y el mundo no lo verá. No lo verá desde su adormilada conciencia. La opinión pública internacional está condicionada en su percepción por una prensa libre del corte New York Times-Londoño, etc., que suele llamar “presidente” a Raúl Castro.

Por suerte, en la actualidad los castristas son más débiles. No podrán realizar con facilidad la transición a un régimen neo-castrista de capitalismo de estado, con rasgos de fascismo corporativo y pinceladas ruso- chinas. Se les ha complicado casi todo lo que pretendieron realizar con respaldo financiero estadounidense.

Raúl Castro y sus allegados son incapaces para enfrentar con éxito situaciones de crisis. Todos los jerarcas históricos son reaccionarios e intolerantes. No saben cómo y por no saber, se resisten a aflojar. No lo hacen, aunque solo sea para imitar por arriba a Rusia, China o Vietnam.

Julio César Gandarilla, el nominado vice o contralmirante y flamante ministro del Interior, pretende acabar con la oposición política y la sociedad civil antes de que su jefe Raúl Castro abandone la presidencia del país el año próximo. Solo que le falta sutileza y habilidad para ello. Se limita a reprimir con toda la zafiedad y la brutalidad imaginables.

Pero lo preocupantemente cierto es que lo único que el general Raúl Castro sabe hacer, ha hecho y en lo que sí tiene sobrada experiencia es en reprimir y matar. Eso es lo que ordenará.

Hoy disfrazan a los esbirros para que cuando repriman en las calles y se afirmen en la violencia de género en que se afirman, parezcan ser “el pueblo indignado que responde a provocaciones de la contrarrevolución”.

Los cambios políticos que conducirán a la democratización se atisban y llegarán. En su momento quizás sea necesario y efectivamente se produzca una ruptura arriba, en la cúpula político-militar. Para que esa ruptura se realice, se hará necesaria la adecuada presión interna y también externa. Un desencadenamiento de acontecimientos políticos y algunos errores a los que es proclive el heredero en jefe, servirán de catalizador. Las condiciones para esto ya se comienzan a perfilar.

No obstante, las señales que se perciben son alarmantes. El dilema cubano se resolverá quizás con un golpe palaciego, un colapso económico, una revuelta popular o la intervención divina. Así lo indica la historia. Diferencias culturales aparte, ningún pueblo se ha librado por sí mismo de un régimen totalitario. No existía sociedad civil en la Unión Soviética o la Alemania nazi, porque allá, al igual que por acá, el totalitarismo la yuguló con la anticipación necesaria.

Los servicios especiales y la jerarquía suprema del régimen militar cubano ya diseñaron otra estrategia salvadora. Esta estrategia en su momento fue llamada por algunos, “la marea roja”. Tal marea consistió en desplazar hacia el ostracismo a la oposición real, ningunearla y colocar en su lugar a una oposición dócil que responda a las necesidades estratégicas del régimen en el momento inevitable de la transición o del esperado fin. Al menos, ya cuentan con aliados foráneos, de izquierda o de derecha y entre ellos, generosos financistas y ‘promotores’ que lanzan a quien entienden o a la iniciativa que entienden y les convenga (que no moleste mucho a la élite castrista) para proclamarla como auténtica, única y más relevante creación de la oposición pacífica cubana, aunque nadie en Cuba sepa cosa alguna sobre ese u otro particular.

Es por esto que se pretende acabar con la oposición política y la sociedad civil antes que Raúl Castro abandone la presidencia del país el año próximo (si la abandona) y en estos planes del régimen, ocupa lugar preeminente acabar con las Damas de Blanco, los opositores frontales y los pocos que testimonian afirmados en su derecho a ser honrados, a pensar, hablar e incluso escribir sin hipocresía.

Recordemos a Martin Luther King cuando expresó: “No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”.
primaveradigital2011@gmail.com; Redacción Habana

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