Sociedad

Un sombrío futuro

El Cerro, La Habana, Emaro (PD) Estamos en el siglo XXI, que por ahora parece, con toda seguridad, ser el siglo de las nuevas tecnologías, en especial de las comunicaciones y de la llegada al máximo de esplendor de la raza humana antes de su decadencia final y probable desaparición.

No tendremos ya razón de ser en el siglo XXIII, salvo como mascotas domesticadas y en diversidad abundante de razas genéticamente manipuladas, como los perros, digamos, o tan solo incorpóreas bolas de pensamiento histórico asesor flotando en la nube. No más.

Cuando las máquinas se auto-repliquen, en mejora constante y tengamos a seres artificiales idénticos a los humanos (lo cual tampoco tiene necesariamente por qué ser así), prácticamente eternos, irrompibles gracias a la intercambiabilidad de las piezas y partes, cien veces más inteligentes que nosotros, mil veces, un millón de veces y aumentando, ¿para qué nos querrían a nosotros alrededor?

Esto comenzará a suceder en las próximas décadas, puede incluso que antes del siglo XXII.

No necesitarán atmósfera, ni temperatura constante. No les importará el calentamiento global, ni necesitarán de habitaciones para descansar o siquiera de un hogar, pues no requerirán ser parejas para procrear. Se harán obsoletas las ciudades como las conocemos, tan solo veremos antros industriales totalmente automatizados. No necesitarán transportarse al estar ultraespecializados e interconectados planetariamente. Desaparecerá el ciclo circadiano en la existencia, florecerán los mares y las selvas donde ellos lo permitan hasta cuando necesiten del terreno, del subsuelo, o de la sobresuperficie para la realización de sus tareas y proyectos.

El ego podrá, a diferencia de nosotros, trasportarse de un cerebro a otro más rápido y con mayor capacidad de almacenaje, tal como lo hacemos hoy nosotros con una simple carpeta en una memoria flash, y acumularán la experiencia enorme de miles de millones de máquinas interconectadas e interdependientes.

Habrá dos futuros probables entonces. Un día precisarán irse de este planeta y se llevarán todo lo que necesiten. Seremos entonces otro Marte sin memoria histórica ni marcas pues habremos desaparecido ya desde hace milenios; o comenzarán las máquinas a colonizar primero el sistema solar y después se exportarán, auto replicándose cuando lo necesiten, hacia otros sistemas y después otras galaxias. ¿Quién lo duda?

¿Por qué enviar hombres a la Luna o más allá cuándo podremos en un par de generaciones embarcar robots (al mismo tiempo cuando los humanos estemos listos) a quienes no habrá que convencer ni pagar, que no necesitarán respirar, ni guarecerse, ni descansar, ni hacer política, nada?

¿Están preparados los humanos para perder la supremacía? ¿Qué tiempo nos queda?

¿Usted lo duda?

Un dron del ejército norteamericano salió a patrullar Afganistán por su cuenta y mató a varios talibanes hasta que un F-11 tripulado lo derribó pues no respondía a los mandos centrales.

Un robot humanoide de un precioso blanco esmaltado se escapó de su oficina en Moscú y salió a caminar por las avenidas, saludando desinhibidamente a los seres humanos con un estrechón de manos.

Son las primeras rebeliones robóticas y ya han sucedido.

¡Fíjese usted cómo cambian los tiempos!

Hasta el siglo XIX, las edificaciones más elevadas, amplias, grandiosas y concurridas eran los templos, las mezquitas, las sinagogas, las iglesias. Ya casi no se construyen. En este siglo 21 predominan los gigantescos estadios. Los deportes son apolíticos. Un mundial de fútbol lo presencia casi todo el planeta, que vibra hoy al mismo segundo que lo hacen los asistentes dentro del coliseo, precisamente gracias a las nuevas tecnologías de la comunicación. Se olvida todo. Los nuevos héroes son quienes más goles anotan, más jonrones batean o más rápido corren.

No dudemos que la iglesia, con su adaptabilidad que le ha permitido medrar por más de dos mil años, proponga dentro de poco canonizar a un Messi, o un Ronaldo, a Pelé, a Usain Bolt. ¿Por qué no si lo querían hacer con Fidel Castro y Che Guevara? Suerte que no prosperó. Suena feo. Sería como invocar a Carlos Marx para que nos libere de algún sufrimiento, aunque, no se asuste, hay quien lo hace.

¿Qué cosa menos política y alejada de la religiosidad que un estadio de fútbol repleto de fans durante un evento de primera categoría en Europa o Sudamérica?

Hay que aprovechar la muy humana emoción antes de que veamos a un Maradona plástico jugando impecablemente sobre el verde sintético de estos nuevos templos humanos donde preferimos ir el domingo de mañana. Recemos por el gol que nos hará saltar de nuestros asientos con una extraña, nueva, e ilógica alegría totalmente colectiva, donde afortunadamente nada tiene que ver la religión, la política, ni el futuro.
eduardom57@nauta.cu; Eduardo Maro

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