Sociedad

Una boda inusual

Plaza, La Habana, Jorge Luis González, (PD) El día que Violeta Borbón ingreso al hogar de ancianos “San Rafael”, no imaginó que allí, a sus 74 años, encontraría un compañero con el cual contraería un nuevo matrimonio.

Bernardino Martínez, con sus 72 años, quien reside de forma permanente en el asilo, cambió de un día para otro su condición de viudo y dio un vuelco a su existencia al hallar una pareja para sus últimos tiempos de vida.

Esta relación que comenzó por las conversaciones de sillón, se transformó con los días en un compromiso formal. Contrajeron nupcias por la iglesia, en la capilla que existe en el asilo, que es administrado por los Hermanos de San Juan de Dios, una orden de la iglesia Católica.

La boda, efectuada con bombo y platillo, se llevó a cabo el 22 de abril de 2017. Fue un hecho memorable para la institución, por ser la primera vez que dos ancianos residentes en el lugar efectuaron su unión por medio religioso.

El padre español Simón Azpiru, que ofició la ceremonia, confiesa sentirse satisfecho, pues fue la primera vez que realizó una boda en Cuba, después de 10 años de servicio en el país.

La celebración constituyó todo un acontecimiento, que movilizó a buena parte del personal del hogar, que incluyó hasta el propio director de la fundación. En esta gran fiesta participaron múltiples personas, entre ellos algunos hijos de los novios, otros familiares, amigos y ancianos que conviven en el lugar.

La capilla se vio muy bien engalanada, con el diseño efectuado por una trabajadora llamada Patricia, la cual en otros tiempos laboró en la exclusiva casa “La Maison”. Esta mujer aportó no solo su experiencia, sino también los adornos y elementos con los cuales se vistió el templo.

El acto ritual comenzó con la misa ofrecida por el sacerdote, después se hizo el bautismo católico de los contrayentes, para finalizar con el casamiento, en una ceremonia que contó hasta con un coro que entonó canciones alegóricas durante todo el evento.

El final de la festividad se llevó a cabo en el espacioso comedor del hogar de ancianos, en el cual se brindó de forma sencilla, el típico cake, refrescos, refrigerios y vino, sin faltar la música que puso a bailar hasta al mismísimo Padre Simón.

Este tipo de suceso fue muy frecuente antes del triunfo de la Revolución. Las personas, independientemente de su mayor o menor fe, se casaban por la iglesia, como parte de una tradición de casi cinco siglos. Luego del triunfo de la revolución, comenzó la coacción ideológica ante la religión, las bodas por la iglesia fueron consideradas “una manifestación burguesa”, y casi desaparecieron.

La pregunta que me hago ahora ante este asunto es: ¿estamos frente a la recuperación de tan significativa tradición, o es algo circunstancial?

Si admitimos que hoy el Estado plantea cambios ante un nuevo modelo económico, podemos entonces pensar también que se originan ahora transformaciones sociales, pues el poder adquisitivo, conlleva, como es lógico, a una forma de pensar diferente.

El hecho más curioso se produce al recuperarse costumbres del pasado, consideradas en cierto momento como “manifestaciones negativas”. Vemos cada día con mayor frecuencia, situaciones en las que se hallan presentes hábitos perdidos, que representan símbolos de una cultura que el gobierno trató de eliminar, pero que subyace en amplias capas de nuestra población.

Los jóvenes de hoy conocen de las bodas por la iglesia a través de las telenovelas y las películas, pero no de manera directa.

La influencia que pueden tener simples hechos como el señalado en esta breve crónica, son un indicador de que estamos ante un proceso de reversión de las obsoletas ideas socialistas. Cada día que pasa, compruebo con agrado como la teoría orweliana de Rebelión en la Granja, se hace más presente. El futuro, entonces, no va a pertenecer al socialismo.
jorgelibrero2012@gmail.com; Jorge Luis González Suárez

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