Internacional

Venezuela mon amour

El Vedado, La Habana, Aleaga Pesant, (PD) Como en la película de Alain Resnais, donde el pasar la noche con un japonés en la ciudad de Hiroshima, trae a una francesa recuerdos sobre el primer hombre que amó, un soldado alemán en tiempos de la II Guerra Mundial, la crisis permanente del estado venezolano y su acelerado aislamiento internacional le recuerda a los de mi generación todo lo que se sufre cuando una banda de forajidos, muchas veces con nuestro consentimiento, asalta el poder y después como al macao, hay que darles candela para que lo suelten, y hay veces que ni así.

El valiente Luis Almagro decidió enfrentarse a la dictadura y se parapetó tras la Carta Democrática Interamericana en la Organización de Estados Americanos (OEA). Poco después el Tribunal Supremo despojó de sus potencialidades legislativas a la Asamblea Nacional.

Por el principio. Almagro, como Quijote, salió a defender a su Dulcinea (la democracia) cabalgando a su Rocinante (la Carta Democrática Interamericana). Sin embargo, no son todos los que están, ni están todos los que son. De tal manera, tras varios días de debate, el Consejo Permanente se sentó a discutir el tema “y más pudo el interés que el amor que le tenía…” Tres horas después de discursos, los patrocinadores de la idea captaron a 20 de los 34 países miembros, por lo que solo se concluyó una hoja de ruta para apoyar el funcionamiento de la democracia en el estado chavista, pero por su vaguedad, solo contribuirá a un ahondamiento de la crisis. Pregúntenos a nosotros, que hemos sobrevivido a embargos, desmerengamientos y posiciones comunes. ¿Y el macao? ¡Ahí!

México, Estados Unidos y Canadá están firmes ante un gobierno bolivariano cada vez más aislado y un creciente número de estados dispuestos a encontrar soluciones al problema político, social y humanitario que sacude al país del Orinoco.

El representante de los Estados Unidos no se detuvo en pequeñeces y exigió la liberación de los presos políticos y la convocatoria a elecciones libres, mientras sostenía la necesidad de la suspensión de Venezuela, “porque la situación ha empeorado y existe una mayor preocupación a nivel regional”.

El acuerdo es para los beligerantes, pero la ausencia de consenso, su vaguedad, hace que el mismo Maduro y la Sra. Delcy Rodríguez afirmen que el imperialismo fue derrotado una vez más. Y no les falta razón. La declaración pasa por alto la fijación del calendario electoral, ni dice cómo va a regular el conocimiento sobre la existencia de presos políticos.

Los narco-bolivarianos se oponen a cualquier paso que permita la salida de la crisis. Así se manifestó el núcleo duro Venezuela-Ecuador-Bolivia-Nicaragua-El Salvador, seguido de los corifeos de las islas clientes del Caribe.

Una nota de un diario internacional indica que la Sra. Rodríguez, que mucho nos recuerda al ex canciller cubano Felipe Pérez Roque (1999-2009), insultó a varios países, aun a aquellos que de forma amigable insistieron en su preocupación. El argumento: que es “una campaña injerencista, que dirigen el imperialismo, el senador republicano por la Florida, Marcos Rubio, y Luis Almagro.

Corto y perezoso, Maduro festejó ¿el resultado?, dirigió una arremetida contra la OEA y Almagro y afirmó por Telesur: “Yo abro el debate sobre la utilidad y la pertinencia de la OEA, y la permanencia de los Estados, entre ellos, Venezuela… ¿Para qué sirve la OEA?”

Si esto les recuerda La Segunda Declaración de La Habana (4 de febrero de 1962) y la cancioncita de Carlos Pueblas y sus Tradicionales, no se preocupen: es un mal remake.

El segundo capítulo define lo que ya se sabía: la dictadura. Con la decisión del Tribunal Supremo, controlado por el Partido Unido Socialista Venezolano de dejar sin competencias a la Asamblea Nacional, se rompe la montesquiana tripartición de poderes. Ahora los bolivarianos se afincan en la idea del poder moral, o los cinco poderes para confundir, ya que no pueden vencer, ante el rechazo de los ciudadanos venezolanos al disparate gubernamental. Todo ocurrió el miércoles en la noche y el argumento fue que la Asamblea Nacional estaba en desacato tras el incumplimiento de varias sentencias.

Ya a principios de año Maduro se negó a hacer su discurso ante la Asamblea controlada por la oposición, y lo dio ante el Tribunal Supremo. También se ha negado, ya no a realizar el revocatorio que correspondería, sino a realizar las elecciones correspondientes para las alcaldías, lo que recuerda a los cubanos aquella consigna del fallecido dictador: ¿elecciones para qué?

La sentencia número 156 ordena que la Sala Constitucional del TSJ asuma el rol del Parlamento para garantizar el “Estado de derecho”. El dictamen, fulminante para el Legislativo, fue precedido por la eliminación de la inmunidad parlamentaria a los diputados opositores y la concesión de atribuciones especiales a Maduro en materia penal, militar, económica, social política y civil.

Al final, como Cuba, Venezuela, un país riquísimo desde todo punto de vista pero mal administrado, tiene que vivir de la caridad pública. No solo lo dijo Maduro recientemente. También el ex candidato presidencial opositor Enrique Capriles se fue a Colombia a solicitar ayuda humanitaria.
aleagapesant@nauta.cu; Aleaga Pesant

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