Política

Viejos chistes que no pasan de moda

Lawton, La Habana, Juan González, (PD) En enero 16 de 2017, el régimen militar totalitario encabezado por el llamado general presidente Raúl Castro y EEUU acordaron luchar juntos contra el terrorismo. ¿Qué les parece?

En aquella oportunidad, se firmó un acuerdo para cooperar en temas tan sensibles como la lucha contra el terrorismo, la trata de personas y los delitos cibernéticos.

Las partes reconocieron el “impacto negativo que para la seguridad nacional tienen los delitos transnacionales”, según el memorando de entendimiento que fue rubricado para la ocasión en esta capital.

El texto fue firmado por el encargado de la embajada de Estados Unidos en la isla, Sr. Jefrey De Laurentis, y el recién nombrado ministro del Interior castrista, Julio César Gandarilla Bermejo.

El convenio se sustanció a pocos días de que el presidente Barack Obama —quien comenzó su histórico deshielo con Cuba en 2014 tras cinco décadas de enemistad— dejara la Casa Blanca al actual mandatario Donald Trump, sin que se sepa hasta ahora qué dirección se dará a la política norteamericana en relación a Cuba.

Trump deberá decidir si continúa o no con ese convenio con una dependencia estatal que los opositores cubanos y la opinión pública mundial señalan como responsable de arrestos arbitrarios y todo tipo de violaciones a los Derechos Humanos, civiles, políticos y económicos y además con otros acuerdos en cuestiones de inteligencia y cooperación entre ambos países, cuestionados por sus propios correligionarios y muchos detractores que esperan una política de mayor presión sobre el régimen castrista.

Trump nombró a varios cubano-americanos anticastristas en su equipo de transición. Igualmente, han arreciado las críticas para que Trump revierta la eliminación de la política de “pies secos, pies mojados”, que ofrecía beneficios migratorios a cubanos que llegaran por cualquier vía a Estados Unidos y que fuera suprimida por Obama en su momento.

Aunque Obama comenzara un acercamiento con el régimen militar totalitario castrista (no con Cuba), las sanciones contra ese régimen aprobadas por el Congreso desde hace décadas para presionar un cambio de modelo político y mejoras para el pueblo de la Isla, permanecen intactas.

En las páginas que conforman el acuerdo, se establecen los objetivos de la cooperación y se definen los alcances de los delitos en los cuales se trabajará de manera conjunta. Además de lo descrito, se incluye la producción, distribución y tráfico de estupefacientes, la falsificación de documentos, la seguridad del comercio y la pornografía.

Los firmantes podrán decidir establecer nuevos grupos de trabajo técnico, de acuerdo al texto rubricado para la ocasión. Las acciones previstas establecen que los funcionarios de las dependencias involucradas de uno y otro país tengan intercambios de información y experiencias. Se contemplaron operaciones coordinadas y la designación de oficiales de “enlace” a fin de que las comunicaciones sean fluidas.

Se habló de que las partes realizarán conversaciones de seguimiento de ese memorando cada seis meses y que estará vigente por dos años prorrogables a partir de la firma del convenio.

Aunque podría ser un tanto prematuro, debe destacarse la buena fe y el optimismo de los negociadores estadounidenses.

Habría que ver qué opinión tiene Popeye, que de acuerdo a lo informado, negociaba por delegación de su jefe, el felizmente finado Pablo Escobar, intereses comunes vinculados al narcotráfico con altos exponentes de la nómina oficial castrista.

También sería interesante conocer la opinión de etarras, miembros de las FARC y de otros terroristas entrenados, armados y financiados en Cuba, para hacer la revolución.

Valdría saber que opinan los aliados y compañeros de Corea del Norte, Irán, Hezbola, los criminales estadounidenses refugiados en Cuba, etc.

Quizás solo se trata de viejos chistes que no pasan de moda. Esperemos por el próximo trasiego de armas a Corea del Norte o alguna nueva iniciativa revolucionaria traída a despecho de los acuerdos firmados por el Sr. De Laurentis, y el responsable directo de las golpizas dominicales a mujeres y disidentes desarmados, el honorable ministro del Interior castrista, Julio César Gandarilla Bermejo.
j.gonzalez.febles@gmail.com; Juan González

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