Política

Votar para que todo siga igual

Lawton, La Habana, Ana Torricella, (PD) Está abierta la convocatoria oficial para las próximas elecciones. Quienes voten lo harán bajo el apremio acostumbrado. Lo harán quiéranlo o no, para que todo siga igual y además con “esta gente”, como dicen muchos cubanos para referirse al régimen.

Tengo vecinos que viven en condiciones de miseria. Mitigan el hambre con música atronadora, que escuchan mientras beben ron o cualquier alcohol barato.

A menudo sacan las bocinas para el portal, para que se sienta la música en todo el barrio. Las sacan cuando es el cumpleaños de alguno de ellos, el Día de las Madres, el fin de año o cualquier día que haya algo que celebrar. Y también cuando hay alguna fiesta de la revolución o eso que llaman elecciones.

Mis vecinos hablan horrores de “esta gente”, dicen que no le deben agradecimiento alguno, pero no se señalan por dejar de votar y exigen cada vez que las necesitan para algo, las certificaciones de recomendación que otorga el CDR a “los que cumplen con las tareas de la revolución”.

La compulsión, la extorsión y el chantaje, son los mecanismos para disponer de membresía masiva en los CDR, la FMC, la CTC y las demás organizaciones oficialistas que él régimen presenta como “sociedad civil”. La represión, siempre presente, completa el cuadro de la unanimidad necesaria.

Ese será el panorama de las próximas elecciones en las circunscripciones que se abrirán a la nueva puesta en escena política que el castrismo convoca para toda Cuba.

En las Asambleas de Nominación de Candidatos habrá muchos ojos y personal atentos. Si se presenta algún candidato independiente con pretensiones de postularse, serán tomadas las medidas represivas ordenadas para la ocasión. Las biografías de los candidatos saldrán con los errores ortográficos de costumbre a la vista de todos, sin que a casi ninguno le interese leerlas. Quizás con un poco de más discreción que en otras oportunidades, los PC (personas de confianza del partido único) indicarán por quien se deberá votar.

Las cifras oficiales serán las que ellos aporten. Votarán cerca del 100% de los electores inscritos. Luego rectificarán y se acercarán a un % adecuado a sus intereses. El verdadero porciento de abstención no será expuesto. Ya el gobierno no se atreve a hablar de más del 97 % de participación, como hacía hasta hace unos años.

Que haya de un 13 a un 15% de abstención puede resultar normal en otros países, pero en Cuba es bastante significativo: aquí solo dejan de ir a votar los que están abiertamente en contra del régimen.

No responder a la convocatoria a la votación implica pérdidas que no todos están dispuestos a asumir. Quien trabaja para el estado patrón, omnipresente, omnipotente y omnisciente, puede perder el empleo. Quien sea cuentapropista puede perder su licencia. Quien viva en el limbo de la ilegalidad tolerada, como los listeros de bolita o los vendedores de algo sustraído por alguien, tendrá que enfrentar a la policía.

En estas condiciones, lo mejor es ir temprano a votar y no buscarse problemas. “¡Total, si todo va a seguir igual!”, es el consenso general. Nadie quiere buscarse problemas y no acudir a las urnas es ciertamente buscarse grandes y muy serios problemas.

Mis vecinos, cuando les hablemos del tema dirán lo de siempre: “¡Ustedes, los periodistas independientes y los disidentes se van a quedar solitos con los factores! ¡Aquí, hay que irse!”

Se trata de una verdad desoladora. Especialmente si se trata de jóvenes. Casi ningún joven tiene planes para su futuro en Cuba. Demasiados aspiran a irse a cualquier sitio. En avión o en balsa, con pasaporte o sin él. No quieren más compartir el aire con “esta gente”, que no deja vivir. Mucho menos traer hijos a este ambiente viciado. Entonces, Cuba languidece, envejece, se muere de inmovilismo y en 2018 no hay por qué esperar que algo cambie.

Quien vote, lo hará para que todo siga igual. Más allá de mal, ¡mucho peor!
anatorricella@gmail.com; Ana Torricella

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